11 septiembre 2007, 6:51

Monasterios : lugares de fuerza espiritual 
martes, 11 de septiembre de 2007, 5:37:39 | FPC. 

Ciudad del Vaticano, 9 sep 2007 (VIS).- Poco después de las 16,30, el Santo Padre llegaba en automóvil a la abadía de Heiligenkreuz, a 30 kilómetros de Viena, el monasterio cisterciense más numeroso de Europa y el más antiguo del mundo, que ha permanecido abierto sin interrupción desde su fundación en 1135 por Leopoldo III.

Su nombre Heiligenkreuz (Santa Cruz) se debe a la reliquia de la Cruz que en 1188 el duque Leopoldo V regaló al monasterio y que se sigue venerando. Durante el nazismo el monasterio fue expropiado casi totalmente y muchos de los monjes hechos prisioneros. Después de la II Guerra Mundial, el abad Karl Braunstofer reformó la liturgia siguiendo el Concilio Vaticano II y se redactó un breviario propio en latín, acentuando además la importancia del canto gregoriano.

La Facultad Teológica Pontificia, que se encuentra junto a la abadía, fundada en 1802 como Escuela Superior de Filosofía y Teología, cuenta actualmente con más de 100 estudiantes.

A su llegada, Benedicto XVI rezó ante la reliquia de la Santa Cruz en la Iglesia de la abadía junto a los monjes, profesores y estudiantes. Tras recibir el saludo del abad, padre Gregor Henckel Donnersmack dirigió un discurso a los presentes.

"El núcleo del monacato es la adoración -dijo el Papa-, pero siendo los monjes hombres de carne y sangre, San Benito añadió al imperativo central de "ora", un segundo, "labora". (…) Así, durante siglos, los monjes, partiendo de su mirada dirigida hacia Dios han hecho la tierra habitable y hermosa. La salvaguardia y el saneamiento de la creación se derivaban de su mirar a Dios".

"Vuestro servicio primordial en este mundo debe ser, por tanto, la oración y la celebración del Oficio divino. La actitud interior de (…) toda persona consagrada debe ser la de no anteponer nada al Oficio divino". La belleza de esa actitud interior se expresará también en la belleza de la liturgia", cuyo "criterio determinante debe ser siempre la mirada hacia Dios".

"Cuando en las reflexiones sobre la liturgia la cuestión estriba únicamente en cómo hacerla atractiva, interesante y bella -observó el Papa– hemos perdido la causa. (…) Os pido por tanto: vivid la sagrada liturgia pensando en Dios, en la comunión de los santos, en la Iglesia viva de todos los tiempos y lugares, para que sea expresión de la belleza y lo sublime del Dios amigo de los seres humanos".

Citando un dicho tradicional que define a Austria como "Klosterreich", es decir "reino de monasterios y rica de monasterios", Benedicto XVI pidió a los fieles que considerasen sus abadías y monasterios "no sólo lugares de cultura y de tradición o incluso simples empresas económicas", porque no obstante todo eso fuera también necesario, un monasterio es sobre todo "un lugar de fuerza espiritual".

El Santo Padre elogió después la Academia de Teología, que cumple 205 años y a la que el abad actual ha añadido el nombre de Benedicto XVI, porque es una sede "donde es posible establecer una relación profunda entre teología científica y espiritualidad vivida". "La teología cristiana -agregó- no es nunca un estudio meramente humano sobre Dios, sino que al mismo tiempo es el Logos y la lógica con que Dios se revela".

Benedicto XVI recordó a este propósito que si San Bernardo "luchó contra la separación de la racionalidad objetiva de la corriente de la espiritualidad eclesial", en nuestros días, "con el ansia de obtener el reconocimiento de rigurosidad científica, en sentido moderno, la teología puede perder el hálito de la fe", reduciéndose a "una serie de disciplinas más o menos ligadas entre sí".

Hablando después de las vocaciones, el Papa subrayó que "para que una llamada al sacerdocio o al estado religioso se sostenga fielmente durante toda la vida es necesaria una formación que integre (…) toda la personalidad. Si se deja de lado la dimensión intelectual, nacerá (…) una pía infatuación nutrida exclusivamente de emociones y estados de ánimo que no pueden mantenerse en pie durante toda una vida. Y si se descuida la dimensión espiritual se crea un racionalismo rarefacto que, sobre la base de su frialdad y su distancia, no desemboca nunca en una entrega entusiasta de sí mismo a Dios".

Después de visitar el museo de la abadía de Heiligenkreuz, Benedicto XVI emprendió el camino de regreso a Viena para encontrarse con el mundo del voluntariado en el Wiener Konzerthaus.

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