Creo Señor pero aumenta mi fe

REFLEXIONES EN FRONTERA
jesuita Guillermo Ortiz

(RV).- Muchos se impresionan más con la dorada o plateada forma de sol de la custodia que contiene la hostia blanca, en la adoración de Jesús que hacen los católicos. Los cautiva más que la misma hostia blanca, un pan sutil insaboro hecho de harina y agua, horneado con una plancha caliente que a su vez le da forma.

Lo cierto es que el domingo 2 de junio se realizó una adoración mundial a Jesús, convocada por el Papa, en el santuario de San Pedro, en simultaneidad con miles de catedrales y templos de las diversas diócesis del mundo. Todas expusieron el Santísimo en sus altares y muchas rezaron con el audio y las imágenes en conexión directa con Roma.

Cantos, oraciones y largos silencios alternados con versículos del Evangelio : Yo soy el pan vivo bajado del cielo, el pan que yo les daré es mí carne para la vida del mundo, el que me come vivirá por mí … (cfr. Juan capitulo 6).

Es el “Misterio de la fe” proclama el sacerdote después de repetir, en la consagración de las formas sagradas, las mismas palabras que Cristo en la última cena con la comunidad de discípulos.

Los cristianos creemos que Dios creador de la tierra, el hombre y la mujer, se abajó a nuestra pequeñez en el seno de María de Nazareth y en un gesto de amor se entregó por todos y cada uno, para quedarse entre nosotros, dar vida al munfo y transformarnos en sus hijos.

El cristiano cree que en la Eucaristía está la presencia de Jesús vivo, en cuerpo, sangre, alma y divinidad. En el año de fe, resuena la oración breve y profunda del Evangelio : “Creo Señor pero aumenta mi fe”.

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