El Regalo de los Insultos
Cerca de Tokio
vivía un gran samurai, ya anciano, que ahora se dedicaba a enseñar el
budismo zen a los jóvenes. A pesar de su edad, corría la leyenda de que
aún era capaz de derrotar a cualquier adversario.
Cierta tarde, un
guerrero, conocido por su total falta de escrúpulos, apareció por allí.
Era famoso por utilizar la técnica de la provocación: esperaba que su
adversario hiciera el primer movimiento y, dotado de una inteligencia
privilegiada para captar los errores cometidos, contraatacaba con
velocidad fulminante.
El joven e
impaciente guerrero jamás había perdido una lucha. Conociendo la
reputación del samurai, estaba allí para derrotarlo y aumentar así su
fama.
Todos los
estudiantes se manifestaron en contra de la idea, pero el viejo aceptó
el desafío.
Fueron todos
hasta la plaza de la ciudad, y el joven comenzó a insultar al viejo
maestro. Arrojó algunas piedras en su dirección, le escupió a la cara,
gritó todos los insultos conocidos, ofendiendo incluso a sus
antepasados.. Durante horas hizo todo lo posible para provocarlo, pero
el viejo permaneció impasible. Al final de la tarde, sintiéndose ya
exhausto y humillado, el impetuoso guerrero se retiró.
- Decepcionados
por el hecho de que su maestro aceptara tantos insultos y provocaciones,
los alumnos le preguntaron:
- ¿Cómo ha podido
usted soportar tanta indignidad? ¿ Por qué no usó su espada, aún
sabiendo que podía perder la lucha, en vez de mostrarse cobarde ante
todos nosotros?
- Si alguien se
acerca a tí con un regalo, y tú no lo aceptas, ¿a quien pertenece el
regalo? preguntó el samurai.
- A quien intentó
entregarlo - respondió uno de los discípulos.
- Pues lo mismo
vale para la envidia, la rabia y los insultos - dijo el maestro. -
Cuando no son aceptados, continúan perteneciendo a quien los cargaba
consigo.
Donde
está el Paraguas
Después de diez
años de aprendizaje, Zenno consideraba que ya podía ser elevado a la
categoría de maestro zen. En un día lluvioso, fue a visitar al famoso
profesor Nan-in.
Al entrar en la
casa de Nan-in, éste preguntó:
-¿Has dejado tu
paraguas y tus zapatos afuera?
-Evidentemente
-respondió Zenno. - Es lo que manda la buena educación. Yo haría lo
mismo en cualquier parte.
-Entonces, dime:
¿colocaste el paraguas al lado derecho o al lado izquierdo de los
zapatos?
No tengo la menor
idea, maestro.
-El zen budismo
es el arte de la conciencia total de lo que hacemos - dijo Nan-in. La
falta de atención en los pequeños detalles puede destruir por completo
la vida de un hombre. Un padre que sale corriendo de casa, nunca puede
olvidar un puñal al alcance de su hijo pequeño. Un samurai que no mira
todos los días su espada, terminará encontrándola herrumbrada cuando más
la necesite. Un joven que olvida dar flores a su amada, acabará
perdiéndola.
Y Zenno
comprendió que aun cuando conociese bien las técnicas zen del mundo
espiritual, se había olvidado de aplicarla al mundo de los hombres.