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¿El Caos, la verdadera naturaleza de
las cosas?.
Definición de Caos
El término Caos se refiere a una interconexión subyacente que se
manifiesta en acontecimientos aparentemente aleatorios.
Esto es una definición del caos aplicada a nuestras vidas, pero en los
apartados siguientes el caos se tratará desde diversas materias y
perspectivas.
En la turbulencia de un arroyo es imposible predecir la trayectoria de
una partícula de agua. Sin embargo, ese sistema es, a la vez,
contínuamente cambiante y siempre estable. Si tiramos una piedra al agua
el sistema no se desestabilizará, cosa que sí ocurriría en un sistema no
caótico.
Esto es una metáfora de nosotros mismos : somos la misma persona que
hace diez años, sin embargo hace diez años estábamos formados por unos
átomos diferentes y psicológicamente también somos diferentes.
¿Por qué un sistema caótico es tan cambiante? Porque todo esta influido
por todo. Todo está interconectado con todo.
¿Por qué un sistema caótico es, a la vez, tan estable? Por las
interconexiónes sutiles que se forman al estar todo influido por todo.
Lo siento, doy la misma respuesta que a la pregunta anterior.
En la teoría del caos hay tres temas subyacentes:
• El control:(ver control) La teoría del caos demuestra que el sueño de
poder dominar toda la naturaleza es una ilusión. Hemos de aceptar la
impredecibilidad del caos en vez de resistirnos inútilmente a las
incertidumbres de la vida. De ahí sale el siguiente tema:
• La creatividad: (ver creatividad) es algo inherente al caos. Pactar
con el caos significaría no dominarlo sino ser participantes creativos.
• La sutileza: (ver influencia sutil) Más allá de nuestros intentos por
controlar y definir la realidad se extiende el infinito reino de la
sutileza y la ambigüedad, mediante el cual nos podemos abrir a
dimensiones creativas que vuelven más profundas y armoniosas nuestras
vidas.
Cómo se descubrió - Puede visitar:
http://usuarios.lycos.es/teoriacaos/matematicas1.html
Diagramas de bifuración- Puede visitar:
http://usuarios.lycos.es/teoriacaos/matematicas2.html
Atractores extraños – Puede visitar:
http://usuarios.lycos.es/teoriacaos/matematicas3.html
Fractales – Puede visitar:
http://usuarios.lycos.es/teoriacaos/fractales1.html
Animación de un fractal – Puede visitar:
http://usuarios.lycos.es/teoriacaos/fractales3.html
Programa de animación fractal – Puede visitar:
http://usuarios.lycos.es/teoriacaos/fractales4.html
Escalas y dimensiones fractales
Escalas. Es propio de los fractales que se encuentren autosemejanzas
a diferentes escalas (ver ampliación de un fractal.) Esta propiedad
también es aplicable al mundo natural (ver el caos en la naturaleza.)
Por ejemplo, en la microescala de nuestra existencia, cada uno de
nosotros es una única representación del mundo que nos ha creado. Por
eso es adecuado que, en las primeras semanas después de la concepción,
un feto pase a través de formas que recuerdan al pescado, a los anfibios
y a otros mamíferos, atravesando una microhistoria del caos de la
evolución hasta que encuentra su propia forma y su propio rostro.
Dimensiones. Si cogemos una línea (una dimensión) y la arrugamos, se
puede decir que obtenemos un plano, puesto que la línea ya no tiene una
sóla dimensión, aunque tampoco tiene dós: está a medias. De igual forma,
si cogemos un papel hacemos una bola, tenemos algo que está a medias
entre dos y tres dimensiones. Precisamente este es el caso de los
fractales. Veamos un ejemplo:
La costa británica, como toda forma natural es un fractal (de dimensión
fractal 1,26). Suponiendo que se encontrara en el plano, hagamos el
experimento de medir la longitud de su costa. Hacemos una foto desde un
satélite y medimos la periferia. Obtenemos determinado número de
kilómetros, pero si hacemos la foto desde un avión, veremos que aparecen
más detalles de la costa y, al volver a medir, obtenemos un número
mayor. Si seguimos ampliando y midiendo cada vez mayor número de
detalles, la longitud seguirá aumentando hasta que, suponiendo que
pudiéramos llegar a medir con infinito número de detalles, la longitud
de la costa resultaría ser muchísimo más larga que la que fue medida con
pocos detalles.. ¿Por qué? Porque la línea costa no se puede medir como
algo unidimensional, pero tampoco llega a ser bidimensional. Está en
medio.
Una cuestión interesante sería si realmente existen las dimensiones o es
nuestra forma de pensar la que las ha inventado. Está claro que el mundo
también podría ser medido con otros ejes de coordenadas diferentes a los
que solemos utilizar. Podríamos clasificar las cosas dentro de
dimensiones curvas o espirales. Sólo que tendríamos que modificar
nuestras ecuaciones geométricas y temporales. Tal vez estemos
clasificando todas las formas que nos vienen a la cabeza dentro de un
sistema de dimensiones lineales, porque esa cosa llamada línea fue lo
primero que nos vino a la cabeza. Una línea es una especie de
simplificación excesiva : al imaginar un objeto de exactamente una
dimensión estamos haciendo una simplificación de las dimensiones (ya que
nada tiene exactamente una dimensión), por otro lado al imaginar una
línea perfectamente recta estamos haciendo una simplificación de la
realidad, donde no existen líneas simples. ¿Cómo imaginaríamos la
realidad si la forma que utilizamos como sistema de referencia hubiera
sido diferente de lo que hoy llamamos línea recta?
La experiencia de Lorenz
Edward Lorenz utilizaba un programa de ordenador para calcular
mediante varias ecuaciones las condiciones climáticas probables. Pero se
dio cuenta de que al redondear los datos iniciales sólo un poco, los
datos finales eran radicalmente diferentes. Descubrió que eso es debido
a los rizos retroalimentadores y reiteraciones del sitema caótico que
representa la atmósfera. Lorenz había intuido el efecto mariposa.
El efecto mariposa
Una mariposa parece no ser nada comparándola con las enormes fuerzas
físicas que actúan en la atmósfera. Sin embargo después de la
experiencia de Lorenz no resulta difícil pensar que tal vez, el batir de
las alas de una mariposa produzca un tornado en el otro lado de la
tierra (después de múltiples retroalimentaciónes y/o bifurcaciones del
sistema).
Hay que tener en cuenta que nuestra "mariposa" no es un elemento aislado
del sistema caótico sino que forma parte de éste y por tanto todo lo que
ella haga le va a influir a todo lo demás.
El poder de lo pequeño
La suma social total de los pequeños esfuerzos cotidianos de todo el
mundo, especialmente cuando se aúnan, libera indudablemente bastante más
energía en el mundo que las hazañas heroicas singulares. Ese total
incluso logra que el esfuerzo heroico individual parezca algo minúsculo,
como un grano de arena en la cima de una montaña con un sentido
megalomaníaco de su propia importancia.
Aunque creemos vivir en sociedades libres y democráticas a menudo pasan
cosas como esta: Nuestro jefe propone un nuevo plan y nos pide que lo
califiquemos. Aunque nos haya parecido un poco malo vemos que todos los
demás le han puesto un diez y nosotros hacemos lo mismo. ¿Cuantas veces
hemos puesto un diez a algo que no lo merecía desde nuestro punto de
vista? Si nos expresáramos abiertamente influiríamos notablemente en el
sistema, haciéndolo más creativo. Como hemos visto en el efecto
mariposa, una simple expresión de nuestra opinión puede generar una
autoorganización que genere más opiniones, las cuales se van sumando y
retroalimentando: el sistema puede alcanzar un punto de bifuración ser
creativo, dinámico.
A menudo vivimos en los sistemas llamados ciclo límite, donde gran parte
de la energía interna del sistema está dedicada a resistirse al cambio,
perpetuando mecánicamente modelos de conducta, con lo cual se aíslan del
flujo del mundo exterior. En esos sistemas todos deben ceder de su
individualidad sometiéndose al automatismo. "Los que están en la cumbre"
en tales sistemas generalmente son los que usan frases vacías, fórmulas
sin contenido que mantienen cohesionado el mecanismo de connivencia. Los
ciclos límites también se dan a nivel de la psicología individual: el
típico personaje que repitiendo siempre que esta vez todo va a ir bien,
vuelve a cometer los mismos errores que siempre ha estado cometiendo.
Nuestra actitud hacia las cosas ejerce una influencia sutil que, si
opera mediante el efecto mariposa, es impredecible. Pero simplemente ser
negativo o ser positivo ya influye mucho tanto a los demás como a la
dinámica de nuestra propia mente. "Abrirnos a la incertidumbre,
descubrir la frontera entre lo individual y lo universal y actuar
humildemente desde ese descubrimiento es el poder real de la impotencia,
pudiéndose así influir hasta en los sistemas más rígidos. " En las artes
marciales orientales uno no se opone con fuerza a la fuerza sino que
utiliza inteligentemente la acción de palanca para que el ataque del
adversario se vuelva contra sí mismo.
Totalidad VS Análisis
El astronauta Edgar Mitchell describió su visión de la tierra como
"una vislumbre de la divinidad" Le conmovió profundamente "este planeta
azul y blanco flotando ahí, y sabiendo que daba vueltas alrededor del
Sol; viendo - sabiendo con seguridad - que ese cosmos tenía un propósito
que superaba la capacidad racional de comprensión humana, y que de
repente había surgido un modo no racional de comprender lo que había
estado más allá de mi experiencia previa". Recordaba eso en su viaje de
regreso de la Luna, "mirando fijamente 385.000 Km de espacio hacia las
estrellas y el planeta del que procedía, experimenté de repente la
sensación de que en el Universo había inteligencia, armonía y amor".
Lewis Thomas se inspiró en esas fotografías para comparar la Tierra con
una simple célula humana, con su membrana, mitocondrias, centriolos,
corpúsculos basales, y "muchas otras partes diminutas que trabajan",
cada una con su propia evolución autónoma, sin embargo todas ellas
unificadas, formando una completa interdependencia y una entidad global.
Una simple célula es un microcosmos fractal de lo que ha conseguido la
vida sobre la Tierra.
Radicalmente diferente de este tipo de visión, la contemplación
analítica y fragmentada de la realidad con la que hemos convivido
durante tanto tiempo es, a juicio del físico y escritor Fritjof Capra,
"inadecuada para tratar con nuestro mundo superpoblado e
interconectado". Según él estamos experimentando una "crisis de
percepción". La teoría del caos nos sugiere una percepción y una
concepción asociada de un mundo de una pieza, un mundo orgánico, sin
costuras, fluido e interconectado: el todo. También nos dice que nos
podemos encontrar reflejos autosemejantes del cosmos dentro de cada una
de sus "partes". Ese punto de vista está naciendo como antítesis de la
perspectiva mecanicista que estamos teniendo desde hace varios siglos,
la cual ya comenzó a generalizarse a finales de la edad media, hasta que
las ecuaciones de Newton completaron la deshumanización del mundo
natural al describirlo como un compuesto de bloques mecánicos en
interrelación.
Si hemos de ser objetivos con nuestra perspectiva mecanicista (y ésta,
en cierto modo, nos exige serlo) nos encontramos con que es un punto de
vista que no cuadra con nuestra naturaleza humana, simplifica
excesivamente y desprecia un montón de datos y de "no datos". Como dice
el biólogo Brian Goodwin: "Según la biología actual, los genes
determinan organismos, y los organismos son simples y accidentales
colecciones de genes que son funcionalmente útiles para nosotros, los
seres humanos. Por lo tanto, es perfectamente legítimo modificar la
composición genética de un organismo para adaptarlo a nuestras
necesidades. Podemos crear gallinas o pavos enormes, aunque esos no
puedan reproducirse ni vivir una vida normal. Cambiarlos de ese modo
resulta aceptable. Pero tales cosas están hiriendo profundamente nuestra
relación con el mundo natural y de unos con otros, porque eso significa
que todo en la vida se mide por el rasero de la comodidad. Esto me anima
a pensar en el otro como un simple montón de células y genes. Estos
tienen un valor comercial y potencial, y eso, para mí, equivale al
suicidio. Los organismos no son únicamente meras máquinas de
supervivencia. Tienen un valor intrínseco, y son dignos de él, como las
obras de arte." Este texto insinúa que hay un montón de valores
subjetivos que, según la perspectiva mecanicista y analítica, deberían
no importarnos a nivel de ciencia y de desarrollo tecnológico. La
perspectiva mecanicista es una visión reduccionista, que nos trata a
nosotros y a la naturaleza como objetos manipulables. Por otro lado es
la base de grandes desarrollos científicos y tecnológicos, o por lo
menos, eso nos parece a nosotros, que sólo podemos ver el desarrollo de
la humanidad a corto plazo. No sabemos si la tecnología actual realmente
nos está ayudando, o si dentro de varios siglos, vamos a llegar a un
callejón sin salida para la tecnología, cuando la ciencia no será capaz
de descubrir nada que arregle los desastres que ella misma ha generado.
Uno de los ejemplos típicos de las limitaciones actuales de la ciencia
es el problema de los tres cuerpos. La solución aceptada hoy en día no
va más allá de las meras aproximaciones insatisfactorias: se hacen una
serie de cálculos relativos a los efectos del tercer cuerpo sobre los
otros, y se suman. Estas estimaciones aproximadas son la llamada teoría
de la perturbación. Poincaré se dedicó a profundizar en este problema y
vio que en muchísimos casos las estimaciones científicas acerca de la
órbita de un asteroide o de un planeta eran bastante aproximadas (por lo
menos en el sistema solar): la débil atracción de un segundo planeta
sobre otro era casi despreciable y sobraba con sumar un valor aproximado
para calcular una órbita. Pero también descubrió que bajo ciertas
condiciones críticas las pequeñas correcciones empezaban a acumularse,
realimentándose, hasta que su efecto total sobre la órbita de un cuerpo
conseguía que éste se tambaleara entrando en resonancia, o que incluso
saliera violentamente despedido fuera del sistema solar. Esto se debe a
los efectos no lineales de la retroalimentación: los planetas no pueden
ser tratados como si sus efectos fueran esencialmente independientes y "sumables"
los unos a los otros.
La unidad caótica está llena de particularismos, activos e interactivos,
animados por retroalimentaciones no lineales y con la capacidad de
producir cualquier cosa, desde sistemas autoorganizados hasta
autosemejanzas fractales, pasando por el desorden caótico impredecible.
En esta visión del mundo como unidad caótica se celebran los mismos
fenómenos que fueron despreciados como liosos y fortuitos en el
paradigma mecanicista.
Veamos un par de ejemplos donde se ve claramente que la Tierra es una
unidad caótica: (ver naturaleza) Un bosque, por citar algo, puede llegar
a ser muy flexible y adaptable debido a su rica red de rizos
retroalimentadores que interactúan con el medio constantemente. Algunos
bosques, incluso, se han ajustado a cambios drásticos. Per cuando este
sistema caótico se desestabiliza (porque empezamos a talar bosques, por
ejemplo), la conducta no lineal puede hacer que su dinámica cambie
abruptamente o que incluso se colapse. Ya tenemos el ejemplo de tierras
sobre las que hace años hubo ricos bosques que creaban su propio
microclima y ellos mismos hacían que las condiciones les fueran
favorables, sin embargo, ahora no se puede plantar ni una sola planta
ahí. Cortar un árbol puede significar que el bosque se quede con un
árbol menos. Cortar diez árboles también. Pero cortar mil árboles puede
no significar que el bosque se quede con mil menos, sino que a partir de
ahí se extingan todos. Los procesos naturales de la Tierra son
indivisibles y constituyen un holismo capaz de mantenerse y alimentarse,
al menos que en el sistema caótico intervenga algún factor que lo
desestabilice.
En la atmósfera de nuestro planeta hay considerables cantidades de
metano. Por lógica, todo el metano y el oxígeno libres deberían haber
entrado en una reacción de combustión. Como Lovelock remarcó, metano,
oxígeno, sulfuro, amoníaco y cloruro de metilo están en la atmósfera en
diferentes niveles de concentración de lo que podríamos esperar que
ocurriera en una probeta. Lo mismo ocurre con el porcentaje de sal del
mar. Estas concentraciones aparentemente extrañas resultan ser las
óptimas para la supervivencia de la vida sobre la Tierra, es decir, la
Tierra se comporta como un ser vivo, con los bosques, los océanos y la
atmósfera como sus órganos. (y los animales - las bacterias)
Cuando un automóvil (fruto de la visión mecanicista) se avería buscamos
la parte averiada. Es una parte la que hace que todo el coche deje de
comportarse como una unidad (porque por mucho que metamos la llave no
arranca). Pero en los sistemas caóticos, como son las familias, las
sociedades o los sistemas ecológicos, el problema se desarrolla siempre
a partir de todo el sistema, nunca a partir de una "parte" defectuosa.
Siempre es necesario tener en cuenta todo el contexto en el que se
manifiesta un problema. Como Lovelock señala, él nunca hubiera sido
capaz de adivinar que el cuerpo regula su propia temperatura, si sólo
tuviera que examinar las células individuales, y no su interacción
retroalimentadora global. Igualmente, en este momento no sabemos qué
significaría para la capacidad creativa de la conciencia humana trabajar
como un todo a través de todo el planeta, en vez de contemplarnos como
individuos aislados que interaccionan. Estamos acostumbrados a
enfrentarnos a los problemas mediante la conquista o la negociación,
pero estas medicinas mágicas casi nunca tienen el efecto esperado. Por
ejemplo, ¿deberíamos declarar la guerra a la droga o examinar seriamente
el engranaje de factores sociales que provocan su extendido uso?
¿Debemos aportar fondos sin fin para capturar a los capos de la droga, o
debemos revisar los acuerdos internacionales que hacen que sea más
provechoso plantar droga que cultivar café? Si mediante la guerra se
consiguiera que por un tiempo cesara el tráfico de droga, ésta, con una
menor demanda, acabaría bajando de precio y... ya tenemos el problema
igual o peor.
Según estudios psicológicos, parece ser que la naturaleza del ser humano
no es la de individuos aislados, sino la de funcionar como una
totalidad. Puede que eso no sea simplemente algo cultural. Se ha
descubierto que los supervivientes de un accidente o de una retención
masiva de rehenes se sienten, consciente o inconscientemente, culpables
por no haber muerto ellos en lugar de los otros. En los fundamentos de
nuestra psique se halla un sentido de solidaridad con toda la especie
humana.
Puede que esté naciendo (o renaciendo) un modo de ver el mundo en el que
respetemos la complejidad del caos y tengamos fe en el cosmos que nos
alberga, y no sólo en nosotros mismos. Experimentar la solidaridad con
todo el universo tiene mucho que ver con el hecho de liberarnos a
nosotros mismos del hábito crónico de pensar que somos fragmentos
inconexos, con dejar de poner énfasis en el yo aislado y en la
conciencia de que sólo podemos conocer individualmente, tiene que ver
con la necesidad de cambiar la perspectiva de una lucha heroica e
individual, y sustituirla por otra de colaboración y codesarrollo, tiene
que ver con la necesidad de dejar de ver la naturaleza como un conjunto
de objetos aislados y experimentar que somos un aspecto esencial de la
organización de la naturaleza; que el observador siempre es parte de lo
que observa; hemos de sustituir la atención exclusiva que le dedicamos a
la lógica, el análisis y la objetividad, por una aptitud para razonar
estéticamente, reconociendo los límites del pensamiento analítico. En
vez de obsesionarnos por el control y la predicción hemos de
sensiblizarnos hacia el cambio y lo emergente y comprender la sutileza
del tiempo. A través de la influencia sutil nos podemos convertir en
participantes del planeta, antes que en sus gerentes.
Creatividad: Definición de Verdad
La verdad es algo que se vive en el momento y que expresa nuestra
vinculación individual con el todo. No es algo relativo, pero tampoco es
una idea que pueda adquirirse y ser medida con las palabras, como si
fuera un punto fijo y estático. A la verdad no se llega mediante la
técnica o la lógica, no podemos estar de acuerdo o en desacuerdo con la
verdad. La verdad es lo que nos mantiene unidos y cada uno debe hallarla
individualmente a partir de las condiciones únicas de su propia vida.
La verdad puede ser captada en cualquier lugar y momento, en lo pequeño
o en lo grande. Sin embargo nuestra mente llena de convicciones, gustos,
opiniones y emociones no siempre nos permite dedicarnos a observar,
simplemente observar. Nuestros prejuicios, muchos de los cuales innatos,
limitan nuestros grados de libertad para la creatividad.
La creatividad puede aparecer, y de echo aparece, en cualquier momento
de nuestras vidas. Si, por ejemplo, al contemplar un árbol, hacemos una
abstracción de nuestro conocimiento de los árboles y vemos un árbol
absolutamente nuevo, las desviaciones únicas de sus ramas, sus nudos y
retorcimientos, los juegos de aire y de la luz entre sus hojas. En ese
momento estamos contemplando la verdad del árbol. "La existencia está
más allá del poder de las palabras para definirla. Pueden usarse
términos, pero ninguno de ellos es absoluto" (Lao Tsé).
A veces un momento de clara intuición nos hace exclamar: "¡Ya lo
tengo!". Puede ser un momento en que vemos algo que puede ser trivial
para cualquier otro, pero en nosotros ha originado un punto de
bifurcación en el sistema caótico que forma nuestra mente, que cambia
nuestras perspectivas para apoderarnos de la autenticidad de nuestra
experiencia de la vida.
Una vez alcanzado dicho punto de bifurcación, se abre el flujo a la
creatividad en el cual la autoconciencia desaparece, el tiempo se
desvanece o se llena por completo, la actividad nos absorbe
completamente. Se es perfectamente consciente del momento y de lo que
ocurre y no existe en la mente ni la menor preocupación por la
posibilidad de equivocarse. Se ha llegado a un punto de autoorganización
del caos.
En estos momentos de creatividad nuestro "yo" ya no es el que nos ha
creado la sociedad, ese yo cargado de categorías, nombres, máscaras,
experiencias, sino que es un yo caótico, que también es el no yo, porque
está conectado con el mundo. De hecho los trastornos mentales no son una
realidad caótica, como parece, sino todo lo contrario: son un yo rígido
y cerrado al mundo.
En la creatividad caótica es muy importante la diversidad. Cuando se
agrupan distintos individuos (distintos (sub)sistemas caóticos) se forma
un tremendo potencial creativo: se unen, cada uno con su propia
creatividad autoorganizada, para perder algunos grados de libertad, pero
descubrir otros muchos nuevos. Es interesante que si se juntan varios
sistemas caóticos los grados de libertad aumentan, mientras que si se
tienen que juntar varios sistemas hechos artificialmente, con orden
artificial, los grados de libertad disminuyen mucho, si es que queda
alguno.
Vórtice – Puede visitar :
http://usuarios.lycos.es/teoriacaos/vortices.html
Autoorganización del caos
Estamos observando la autoorganización del caos por todas partes en
la naturaleza. Es una autoorganización que aporta al sistema mucha más
estabilidad y flexibilidad que cualquier estructura que haya sido creada
artificialmente.
Un huracán, por ejemplo, es una gran forma autoorganizada de la
naturaleza. Si no fuera por su autoorganización toda la fuerza que lleva
cada partícula se perdería al chocar unas con otras, sin embargo las
partículas entran en ciclos retroalimentadores y mediante el efecto
mariposa se amplifica su velocidad.
En un sistema autoorganizado por individuos, por ejemplo los termes, hay
varios niveles de organización. Dependiendo de las circunstancias, de la
densidad de la población, etc., las "reglas" cambian. La conducta
individual sigue unas reglas, la conducta colectiva sigue otras. Hay que
tener en cuenta que la unión del grupo de individuos no se debe a que un
individuo solo o una elite están asumiendo la dirección. A partir de la
actividad individual aleatoria se produce una retroalimentación, con lo
cual el sistema se autoorganiza; entonces las reglas colectivas
(surgidas de la aleatoriedad de las individuales), restringen en
determinado grado las reglas individuales. Sin embargo, esta dinámica
global del sistema no puede reducirse a la dinámica de sus unidades
constituyentes.
Otro ejemplo: La autoorganización puede surgir espontáneamente en
sistemas químicos. Se ha observado que en un sistema que debería tender
hacia un estado de equilibrio homogéneo, a veces se producen
oscilaciones periódicas macroscópicas, formándose sorprendentes
estructuras espaciales en forma de ondas espirales. Esto parece
incompatible con la segunda ley de la termodinámica, que nos dice que la
entropía, y por tanto el desorden, aumentan siempre.
Control
Los sistemas caóticos son muy flexibles. Si tiramos una piedra al río,
su choque con las partículas del agua no cambia el cauce del río, sino
que el caos se adapta al cambio. Sin embargo, si el río hubiese sido
creado por nosotros con un orden artificial, donde cada partícula de
agua tuviera una trayectoria determinada, el orden se hubiera derrumbado
completamente. El caos en realidad es mucho más perfecto que nuestro
orden artificial; hemos de comprender el caos y no intentar crear un
orden rígido, que no sea flexible ni abierto a la interacción con el
medio.
Siempre hemos estado obsesionados por el control, creemos que cuantas
más técnicas creemos, más control tendremos sobre el mundo. Pero con
cada tecnología nueva que introducimos se nos echan encima un montón de
problemas, para cada uno de los cuales hemos de inventar nueva
tecnología. Volvamos al ejemplo del río: si tiramos una piedra el cauce
no cambia, pero si tiramos una roca gigante la flexibilidad del sistema
caótico no será suficiente. Es lo que ocurre en la Tierra: es un sistema
caótico: siempre cambiante y adaptándose, pero si nos pasamos de la raya
el sistema se puede romper. De echo lo está haciendo y por eso tenemos
problemas con la capa de ozono, el aumento de la temperatura global y el
deshielo, problemas con los recursos como el petróleo, etc.
Aprender a vivir en el caos no significaría aprender a controlarlo, ni a
predecirlo. Al contrario: hemos de enfocar la cuestión desde el punto de
vista de que nosotros también somos parte del caos, no nos podemos
considerar como elementos aparte. Desde esa perspectiva lo que podemos
hacer es vivir de la creatividad del caos, sin intentar imponernos: si
conseguimos relamente formar parte del sistema el concepto de sujeto y
objeto desaparecerán, con lo cual el problema del control también.
Es el mundo diferenciable? – Visitar :
http://usuarios.lycos.es/teoriacaos/diferenciable.html
Complejidad y simplicidad; Intermitencia
Se ha demostrado, que en el caos determinista de sistemas dinámicos
simples subyace un orden oculto tras sus fenómenos manifiestamente
complicados y aleatorios. Estos fenómenos caóticos, pese a su carácter
determinista, son impredecibles.
En los sistemas no lineales hay propiedades emergentes, que aparecen
como resultado de la interacción entre sus partes y que no pueden
explicarse a partir de las propiedades de sus elementos componentes.
Pero la complejidad no es, necesariamente, sinónimo de complicación.
Sólo habría que enfocar el mundo desde una visión basada en la no
linealidad. Tanto la geometría como la dinámica de muchos sistemas
naturales (=caóticos) se pueden abordar desde enfoques simples.
La hipótesis de la frontera del caos establece que la complejidad
aparece en unas condiciones muy especiales, conocidas como puntos
críticos, o puntos de bifurcación. En dichos momentos orden y desorden
coexisten, formándose estructuras fractales que se caracterizan por
presentar un aspecto autosemejante a diferentes escalas. Por ejemplo, en
la figura se ve una simulación de poblaciones de presas y depredadores:
la estructura es fractal.
Intermitencia
En el caos siempre existe la paradoja. Y la paradoja aquí es que lo
simple y lo complejo parecen ser reflejos lo uno de lo otro: son dos
cosas inseparables. Los fractales matemáticos están generados por
fórmulas muy simples, pero son figuras de inagotable complejidad.
Intermitencia es la situación en que lo simple y lo complejo se alternan
constantemente. Por ejemplo, incluso en amplificadores electrónicos de
gran precisión ocasionalmente se producen cortas descargas de
electricidad estática. Eso no se debe a una interferencia externa sino a
los resultados de los efectos no lineales dentro del circuito,
produciéndose períodos de caos. Con la aparición de relojes atómicos de
precisión se descubrió que la Tierra sufría alteraciones en su rotación:
el paso del "tiempo" de la tierra no es perfectamente regular porque de
vez en cuando aparecen estallidos intermitentes de caos. También el
cuerpo humano presenta gran variedad de ejemplos de intermitencia. Uno
es que se ha demostrado que un poco de caos es necesario para que el
sistema inmunológico funcione de forma eficiente.
Intermitencia no sólo significa que el caos surja del orden sino también
que el orden puede surgir en el caos, como se ha visto anteriormente.
Aquí surgen algunas preguntas interesantes: "¿Aparece el caos porque la
conducta regular se rompe temporalmente? ¿O es el orden regular
realmente una ruptura del caos que subyace en la realidad? ¿O bien es
esa intermitencia la verdadera manifestación de la complejidad caótica?"
Intermitencia en las matemáticas.
Entre los números irracionales están algunos muy importantes, números
que parecen ser inherentes a la naturaleza, como es el número pi, o raíz
de 2. Son números de complejidad infinita que aparecen dentro del
sistema regular de números racionales. Son una forma de intermitencia.
Si permitimos que un sistema simple se desarrolle de modo crecientemente
complejo, de tal forma que su orden interno se enriquezca cada vez mas,
llegaremos a un límite donde la complejidad se vuelve infinita y el
sistema parece totalmete aleatorio, contrario de cualquier orden.
La aletoriedad y complejidad infinita a efectos prácticos son lo mismo.
Muchos artistas utilizan la aletoriedad como gérmen o como camino hacia
nuevas formas. La casualidad incluso puede ofrecer una clave para
descubrir pautas más profundas en un sistema caótico. Se podría decir
que la pura aletoriedad es lo mismo que la información infinita: algo
muy complejo, que si se mira desde la perspectiva de la paradoja tal vez
será visto como algo muy simple.
Más que estereotipos dualistas
El cerebro interactúa constantemente con el mundo mediante los sentidos
para abstraer y trazar unos rasgos significativos. Lo que nosotros vemos
son sólo esos rasgos. El mundo es tan increíblemente complejo que
nuestra mente utiliza muchísimas técnicas para simplificarlo, tanto
inconsientes como conscientes. Pero una vez que hemos establecido unas
pautas dentro de una situación compleja, hemos de buscar los matices.
Una técnica que utilizamos hoy en día para simplificar es la
digitalización de los datos. Se llega hasta el extremo de que si un dato
no es digitalizable es ignorado. Sin embargo los datos analógicos
contienen mucha más información que los digitales.
La ciencia usa las matemáticas como un filtro para simplificar y volver
abstracta la naturaleza. Pero esto implica que la ciencia se limite a lo
que es cuantificable y susceptible de medición. Quizás esto sea una
simplificación y fragmentación excesiva. Si todo el mundo científico se
dedicara a estudiar un único organismo completo, por ejemplo un
determinado protozoo, pronto nos daríamos cuenta de que nunca llegaremos
a saber lo suficiente acerca de él para comprenderlo. Puede que parezca
una cosa simple al imaginárselo aislado, como un elemento más, pero se
vuelve interminablemente complejo al darnos cuenta de que está conectado
con todo lo demás. Habría que obtener un conocimiento profundo acerca de
toda la historia de la evolución y la dimámica total de su entorno.
Estamos acostumbrados a simplificarlo y estereotiparlo todo. En esos
estereotipos se pierden la sutileza y la individualidad. Nuestro entorno
aparentemente inundado por la información está lleno de
simplificaciones. Nuestro entorno televisivo y publicitario segmenta la
complejidad de la vida en pequeñas unidades de imágenes y sonidos que
evocan emociones simplificadas y estereotipadas, que nos hacen sentirnos
más cómodos.
Por otro lado, si nos dejamos dominar mucho por los detalles seríamos
incapaces de extraer el significado de cualquier situación. Deberíamos
preguntarnos si la aparente complejidad o simplicidad es inherente a un
tema concreto o es algo que nosotros estamos proyectando en la
situación.
Dualismo
Una de nuestras permanentes fuentes de confusión (* ver nota) procede de
nuestra insistencia en parcelar el mundo en dualidades. Esperamos que
las cosas sean o simples o complejas, subjetivas u objetivas, mi punto
de vista frente al suyo, etc. ¿No es posible que cada uno de estos polos
contenga al otro? ¿Por qué tanta gente que fanáticamente buscaba el bien
ha acabado haciendo el mal?
Nota: confusión no es sinónimo de complejidad. Confusión es la alarma
que nos informa de que estamos dejando de ver la simplicidad esencial
dentro de lo complejo o que estamos despreciando demasiado los matices
dentro de lo simple.
El problema es que nuestra obsesión por las dualidades no nos deja ver
lo que está ocurriendo. Por ejemplo, ¿es el mal y lo injusto de la
sociedad el resultado de "individuos malvados" y de sus conspiraciones,
como sugiere el dualismo? ¿O esas desgracias se derivan algunas veces de
las actividades de la gente común que acepta los estereotipos, los
eslóganes y otras simplicidades de la sociedad, mientras que, al mismo
tiempo, se quejan de que todo es "demasiado complicado"?
Queremos huir de las tensiones que generan la ambigüedad y la
incertidumbre, pero cuanta más energía cargamos en un polo de la
dualidad, más atrae la carga de su contrario. Por eso tenemos algunas
"técnicas" para escapar del dualismo: la ironía, las metáforas, el
humor, la paradoja...
La no-linealidad del Tiempo
Hemos reducido la esencia del tiempo a mera cantidad, ya no nos damos
cuenta de sus cualidades, ignoramos completamente su naturaleza
interior. En nuestro mundo postindustrial, el tiempo se ha convertido en
algo mecánico, impersonal, externo y desvinculado de nuestra experiencia
interior.
Mientras creamos que el tiempo es una línea recta arrojada desde el
pasado hacia el futuro, es difícil recontar muchas de nuestras
experiencias temporales interiores, que normalmente menospreciamos como
ilusiones, disociaciones, rarezas de la memoria y la percepción, en
cualquier caso nada que ver con la naturaleza física y esencial del
tiempo. La teoría del caos sostiene que no hay líneas simples en la
naturaleza: cualquier línea, vista desde una escala diferente, resulta
ser una sucesión de formas, de irregularidades, curvas, etc. El caos
también sugiere que nada tiene justo una, o dos o tres dimensiones, sino
que está "a medias" entre ellas y que estas dimensiones son fractales y
no lineales. Todo es también es aplicable a "la cuarta dimensión". (ver
Escalas y dimensiones fractales).
Todo, del átomo a la célula, desde un árbol hasta el cosmos, lleva su
reloj interior que mide su paso individual del tiempo, la magnitud del
proceso que ha experimentado. Según la teoría del caos los sistemas
tienden a autoorganizarse, preservando su equilibrio interno al tiempo
que retienen una cierta medida de apertura al mundo externo (ver
autoorganización). Algo semejante sucede con el tiempo: cada elemento de
un sistema posee su propia medida singular de la magnitud del proceso
interior que se está desarrollando respecto al entorno exterior. Sin
embargo los "relojes" internos de todos los sistemas más pequeños se
acompasan perfectamente. Esta conexión con el entorno de sistemas que
tienen su propia medida temporal enriquece el tiempo y lo llena de
dimensiones. Está claro que algunos sistemas están menos influidos por
el entorno (ciclos límite) mientras que otros están muy abiertos a
cambios.
Cuando la vida corre peligro, el tiempo parece detenerse: los
acontecimientos suceden a cámara lenta y tenemos un mundo de tiempo para
decidir si frenar o acelerar para evitar un choque. Es como si cada
acontecimiento dentro del paisaje se desarrollara según un tiempo
individual con su propia medida de ser y de movimiento. Esa experiencia
del tiempo quizá no sea una simple ilusión producida por una mente
sobrecargada de adrenalina, cuanto una clara visión momentánea de cómo
son realmente las cosas en las dimensiones del tiempo. Al desconectar
del tiempo mecánico del reloj podemos experimentar los matices del
tiempo fractal: nuestra experiencia se expande dentro del tiempo y
actuamos en consonancia con nuestros ritmos internos, permitiendo que
éstos estén en armonía con los ritmos del sistema que nos contiene.
Cuando estamos mirando el fluir de un arroyo, escuchando el viento a
través de los árboles y el canto de los pájaros u observando la conducta
de las hormigas, podemos llegar a sentir desde los microacontecimientos
que, llenos de matices, fluyen sobre nosotros , hasta el flujo de las
olas del tiempo más grandes y lentas, como el movimiento del Sol a
través del cielo, el calor de la Tierra, la germinación de las semillas,
el envejecimiento de los árboles, etc. Todas estas dimensiones fractales
del tiempo se curvan y se quiebran también dentro de nuestros cuerpos, y
están sincronizadas con nuestros ritmos temporales interiores. Cuando
estamos absortos en la contemplación de un paisaje natural, cuando nos
enamoramos, cuando estamos en crisis o cuando algún peligro nos amenaza,
todo esto son momentos en los que un cambio de conciencia nos permite
olvidarnos de nuestros prejuicios sobre el tiempo y entrar en ritmos
temporales diferentes. También cuando soñamos nos adaptamos a un tiempo
diferente, donde una larga y compleja historia es vivida en pocos
segundos.
Hemos separado el tiempo de la inmediatez de la experiencia humana,
reduciéndolo a números manipulables mediante una ecuación. Está claro
que para un contable el tiempo no tendría utilidad si fuese algo que se
replegara sobre sí mismo, que se dispusiera en capas y que tuviera una
textura rica. Tampoco lo podríamos utilizar como mercancía, tal y como
lo utilizamos ahora: lo gastamos, lo ahorramos, o lo perdemos, pero
nunca tenemos suficiente tiempo. Partimos de la estación del nacimiento
y vamos caminando hacia el destino final, pensando que nuestra vida es
esa distancia que queda antes de la estación final: contemplamos el
tiempo como algo que es devorado rápidamente, como el tren engulle los
raíles que tiene por delante. Nuestro desesperado objetivo es "llenar"
al máximo el tiempo que queda. Lo dividimos en años, días, segundos e
incluso, los que trabajamos con ordenador, en microsegundos. Tratamos de
conseguir cierta cantidad de cosas en un tiempo concreto pero nunca
conseguimos sincronizarnos con sus artificiales divisiones y medidas, y
eso genera estrés y nerviosismo, nos sentimos desgajados de nuestro
verdadero ser: nuestra experiencia interior rechaza esa precisión de
intervalos iguales. De hecho las grabaciones musicales analógicas
parecen tener un sonido más "cálido" que el sonido digital sintetizado
por ordenador, por no presentar esas medidas exactas hasta los
microsegundos y por no tener unas frecuencias fijas y precisas.
Hay culturas que están ajustadas a otros tipos de medida del tiempo: Los
polinesios se han sincronizado con el flujo del tiempo en su entorno.
Para ellos la vida se extiende a cámara lenta al amanecer y al
anochecer: en ese tiempo se desarrolla una gran actividad y lo que para
nosotros son 30 minutos, para ellos pueden ser varias horas. Al medio
día la gente descansa y hace el mínimo esfuerzo: entonces, una de sus
horas es más larga que 100 minutos nuestros. Nosotros diríamos que las
horas de los polinesios tienen una longitud desigual, pero según la
experiencia de ellos una de sus horas del medio día dura igual que una
de sus horas del amanecer, pues contienen la misma cantidad de
actividad.
En nuestra compulsión para mejorar la eficiencia, olvidamos que el
trabajo inteligente de los seres humanos no es una mera cuestión de
velocidad. (No hay más que ver el aluvión de errores que recibimos en
los e-mail todos los días.) En vez de hacernos la pregunta de cuánto
tiempo tenemos, podemos hacernos la pregunta ¿Qué tiempo tiene
significado para nosotros? No necesitamos más tiempo, sino un tiempo más
pleno, no lleno en el sentido de haber hecho un montón de cosas, sino el
sentido de comprometernos con la actividad que desarrollemos.
Muchos artistas creativos han intentado describir el modo en que
perciben de una vez la contemplación de una obra de arte completa,
aunque algunos detalles sean desarrollados posteriormente. A muchos
compositores se les ocurre una composición completa y la ven fuera del
tiempo, puesto que la en estos momentos la pueden "escuchar" entera en
unos segundos o en menos. Ya a la hora de traducirla a notas, han de
situar la obra en un tiempo lineal.
Pero esa creatividad puede haber necesitado períodos largos de
"pasividad". Nuestra creatividad individual exige que cada actividad se
produzca en su tiempo adecuado. Una vida creativa requiere prestar
atención a las cosas de un modo que permita que cada esfuerzo crezca a
su propia manera desde el contexto nutritivo de todas las otras
"empresas" creativas desarrolladas. Así podemos permitir que multitud de
procesos creativos se desarrollen simultáneamente, porque en realidad
están sincronizados, forman un sistema. Si sumáramos la totalidad de
tiempo que se emplea en un día creativo y lo dispusiésemos en un horario
lineal, probablemente excedería las 24 horas del día. Algunos creadores
parecen tener una alianza indisoluble con las dimensiones fractales del
tiempo (y a nosotros nos parece raro que ellos no quieran adaptarse a
las agujas del reloj). Ese tiempo expansivo y rico está disponible para
todos nosotros, pero nuestra sociedad industrial nos condiciona para no
experimentarlo de esa manera: sabemos hacer sólo una cosa a la vez y
cuando intentamos hacer varias, no les permitimos sincronizarse a su
propia medida del tiempo sino que les imponemos límites horarios... y
normalmente acabamos fracasando en todas esas tareas.
Que uno siga su reloj interior y no el artificial no quiere decir que
cada persona tenga que ir a su aire, independiente de los demás. Cuando
tenemos que hacer un trabajo en grupo hemos de adaptarnos a un tiempo
común. El peor caso sería que haya poca comunicación entre los
individuos y todos tengan que intentar adaptarse a un tiempo mecánico
del reloj. El mejor caso sería éste en el que los individuos trabajan a
gusto, llegan a comprenderse perfectamente y, aunque cada uno está
siguiendo su propio reloj interior, milagrosamente resulta que todos
estos relojes individuales en el grupo están sincronizados (están en
armonía aunque tienen ritmos temporales diferentes, dinámicos, siempre
cambiantes: esta extraña sincronización es una de las características
del caos).
En cualquier momento, ahora mismo, por ejemplo, podemos intentar
experimentar toda una eternidad en tan sólo un segundo ... pero seguro
que acabamos dejándolo "para el fin de semana" o para "cuando tengamos
tiempo".
"La información ausente"
La teoría del caos tiene que ver con la incapacidad de predecir y
controlar, con la incapacidad para hacer una descripción completa, con
lo que algunos científicos han llamado "la información ausente". Esta
información ausente puede ser de gran importancia pero... está ausente.
Las paradojas y los koans nos llevan al límite del pensamiento lógico,
racional y ordenado. Obligan a la mente a moverse en espiral y realizar
repeticiones lógicas mientras intenta resolver el problema. Sin embargo,
puede que no haya solución desde el contexto en el que están enmarcados.
Nos dicen que algo falta, algo es incompleto acerca de nuestro concepto
de realidad. Pero solo el hecho de que pensemos en tales paradojas
significa que somos superiores al sistema conceptual que hemos creado;
puede que nosotros seamos la información ausente que estamos buscando.
Las paradojas se enfrentan a nuestro deseo de dividir el mundo en
dualidades, de colocar los conceptos en sus categorías adecuadas y
después levantar fronteras alrededor. Nos crean un caos mental necesario
para la creatividad, en el cual la mente cambia y autorreorganiza su
percepción de la realidad.
Lorenz ya comprobó qué ocurre al redondear tres decimales. Tanto en la
teoría como en la práctica, siempre habrá información ausente, una
limitación para nuestro conocimiento. Por un lado un sistema tan
complejo como el mundo, no hay una clara división en partes, lo cual ya
nos impide conseguir toda la información, por otro lado, nuestra simple
acción de intentar obtener información, nuestra mera presencia, perturba
un sistema de forma impredecible. Además "no podemos meter la totalidad
en el bolsillo, ya que el bolsillo también es parte de esa totalidad".
Siempre queremos acabar las cosas pero nos olvidamos de la información
ausente. Nuestro tremendo deseo de controlar la naturaleza humana y el
mundo material nos ha creado una sed insaciable de progreso, acompañada
de una arrogancia con la que clasificamos a otras civilizaciones como
primitivas. Sólo nos preocupa lo conocido y nos olvidamos de la
dimensión del misterio. Efectivamente, es sorprendente el progreso
tecnológico actual, pero tal vez estemos ignorando algo, que en
cualquier momento, podría trastocar todo nuestro conocimiento
acreditado. Un ejemplo muy evidente: A principios de siglo, los físicos
especulaban con que su materia de estudio se estaba acabando. Pronto no
habría aspectos físicos relevantes que pudieran descubrirse. Sólo les
faltaban por resolver tres problemas: por qué la órbita de Mercurio es
irregular, una discrepancia entre la teoría y la cantidad de energía
liberada por un agujero negro, y el efecto de un tercer cuerpo en el
movimiento de otros dos. Pues el intento de completar la información
respecto del primer caso condujo a la teoría de la relatividad; el
segundo hizo aparecer la teoría cuántica; y del tercero surgió la teoría
del caos. Cada una de estas teorías tiene misterios que resolver.
Resultó que la naturaleza es bastante más sutil de lo que habíamos
imaginado.
Así que la información ausente permanece siempre junto a nosotros para
recordarnos nuestras limitaciones, apareciendo de cuando en cuando y
volviéndolo todo del revés, saltándose nuestras fronteras más
establecidas. Aun así la modestia es difícil de conseguir en nuestra
civilización occidental, donde nos enorgullecemos de lo acabado, de lo
completo. Queremos teorías científicas completas; nuestras historias y
obras musicales siempre han de tener un final (por lo menos hasta hace
unos años). Por el contrario, hay culturas donde la música y las
historias continúan indefinidamente, sin necesidad de ese punto final,
con el que nosotros estamos tan obsesionados. Aunque a los sherpas del
Tíbet les gusta escalar montañas, suelen abstenerse, por respeto a los
dioses, de permanecer en las cimas. Sin embargo, imaginemos un escalador
occidental que no se haga una foto con los pies hollando la cumbre: esa
persona nos parecería mediocre y pensaríamos que su viaje habría quedado
incompleto.
Pero las teorías completas no existen. Una teoría es una proyección
mental sobre la infinita complejidad de la naturaleza, la que pone
énfasis en ciertos matices dentro del flujo de la existencia y de la
incertidumbre. Al físico David Bohm le gustaba señalar que las palabras
"teoría" y "teatro" proceden de la misma raíz griega que significa
"ver". Una teoría científica es un teatro de la mente, es algo
provisional que nos abstrae de un contexto muchísimo más amplio. El
contexto en el que nacen las teoría cambia permanentemente. Una teoría
funciona durante un cierto tiempo y después parece estancarse, por más
que hagamos intentos por modificarlas, hasta que acaba surgiendo una
nueva producción teatral de la mente. Las teorías son como herramientas
de la mente y deben poder ser cambiadas cuando haga falta. Lo que a
veces ocurre es que acabamos identificándonos tanto a nosotros como a la
naturaleza con determinada teoría y hacemos lo posible por adaptar el
mundo y la mente a nuestra teoría. No debemos convertirnos en esclavos
de una teoría; no hace falta acabar creyéndonos nuestras producciones
teatrales.
El Caos en el Arte - Puede visitar:
http://usuarios.lycos.es/teoriacaos/arte.html
El Caos en la Naturaleza – Puede visitar:
http://usuarios.lycos.es/teoriacaos/naturaleza.html
El Caos en el cuerpo humano – Puede visitar:
http://usuarios.lycos.es/teoriacaos/cuerpo.html
El Caos en la Religión y la mística:
http://usuarios.lycos.es/teoriacaos/religion.html
El Caos en la Inteligencia Artificial – Puede visitar:
http://usuarios.lycos.es/teoriacaos/intartificial.html
Otros artículos de interés:
http://www.monografias.com/trabajos13/caos/caos.shtml
http://www.aedemo.es/septiembre97/privado/caos.html
La psicología, la sociología, el mercado de valores, los mercados son
sistemas caóticos por tanto no sujetos a predicción, bajo los criterios
del determinismo clásico.
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