15 septiembre 2008, 18:16

Sumario del viaje apostólico a Francia (Iª Parte) 
lunes, 15 de septiembre de 2008, 17:06:16 | FPC. 

Viaje apostólico a Francia con ocasión de la conmemoración del 150 Aniversario de las apariciones de la Virgen de Lourdes. 12-15 de septiembre de 2008. 

Benedicto XVI viajará a Francia en septiembre.

 
12 septiembre.
 
– Reflexionar sobre el significado auténtico de la laicidad.
– Sábado y Domingo : Servicios especiales sobre el viaje.
– Fortificar la hermandad entre cristianos y judíos.
– Búsqueda de Dios en la raíces de la cultura europea.
– Vísperas con sacerdotes, religiosos, seminaristas y diáconos.
– La Iglesia confía en los jóvenes.
 
13 septiembre.
 
Benedicto XVI en el “Institut de France”.
– Huid del culto a los ídolos.
– En Lourdes se experimenta la cercanía entre cielo y tierra.
 
Reflexionar sobre el significado auténtico de la laicidad.

Ciudad del Vaticano, 12 Sep 2008 (VIS).- El Papa partió a las 9,20 del aeropuerto romano de Fiumicino y tras dos horas de vuelo aterrizó en el aeropuerto de París-Orly, comenzando de este modo su décimo viaje apostólico internacional y el primero a Francia.

El Santo Padre fue acogido en la escalerilla del avión por el presidente de la República francesa, Nicolás Sarkozy. Tras saludar al cardenal André Vingt-Trois, arzobispo de París y a algunas autoridades civiles y religiosas, se trasladó en automóvil a la nunciatura apostólica. Desde allí se dirigió unos minutos más tarde al Palacio del Elíseo, donde a las 12,30 realizó una visita de cortesía al presidente de la República.

Terminado el coloquio privado entre el Papa y Sarkozy, tuvo lugar el encuentro con las autoridades del Estado. Después de las palabras del presidente francés, Benedicto XVI pronunció el primer discurso de su viaje.

El Papa recordó al inicio de su discurso que el motivo principal de este viaje es "la celebración del 150 aniversario de las apariciones de la Virgen María en Lourdes".

Refiriéndose a lo que el presidente Sarkozy afirmó durante su visita a Roma en diciembre de 2007, que "las raíces de Francia -como las de Europa- son cristianas", el Santo Padre dijo: "Basta la historia para demostrarlo; desde sus orígenes, su país ha recibido el mensaje del Evangelio". En este contexto recordó la fundación de muchas congregaciones religiosas para ayudar a los más necesitados, así como las miles de iglesias, abadías y catedrales de esta tierra.

"La Iglesia en Francia -continuó- goza actualmente de un régimen de libertad. La desconfianza del pasado se ha transformado paulatinamente en un diálogo sereno y positivo, que se consolida cada vez más. Existe un nuevo instrumento de diálogo desde 2002 -dijo- y tengo una gran confianza en su trabajo porque la buena voluntad es recíproca".

"En este momento histórico en que las culturas se entrecruzan cada vez más, estoy profundamente convencido -aseguró- de que es cada vez más necesaria una nueva reflexión sobre el significado auténtico y sobre la importancia de la laicidad. Es fundamental, por una parte, insistir en la distinción entre el ámbito político y religioso para tutelar tanto la libertad religiosa de los ciudadanos como la responsabilidad del Estado hacia ellos, y por otra parte, adquirir una conciencia más clara de las funciones insustituibles de la Religión para la formación de las conciencias y de la contribución que puede aportar, junto a otras instancias, para la creación de un consenso ético fundamental en la sociedad".

Tras poner de relieve que los jóvenes son su "mayor preocupación", Benedicto XVI dijo que muchos de ellos "han perdido su referencia en la vida familiar" y otros se hallan "marginados y a menudo abandonados a sí mismos, son frágiles y tienen que hacer frente solos a una realidad que les sobrepasa".

Por eso, añadió, "hay que ofrecerles un buen marco educativo y animarlos a respetar y ayudar a los otros, para que lleguen serenamente a la edad de la responsabilidad. La Iglesia puede aportar en este campo una contribución específica. La situación social de occidente, por desgracia marcada por un avance solapado de la distancia entre ricos y pobres, también me preocupa. Estoy seguro que es posible encontrar soluciones justas que, sobrepasando la inmediata ayuda necesaria, vayan al corazón de los problemas, para proteger a los débiles y fomentar su dignidad".

El Papa manifestó su preocupación por "el estado de nuestro planeta". En este sentido señaló la necesidad de "aprender a respetarlo y protegerlo mejor. Me parece que ha llegado el momento de hacer propuestas más constructivas para garantizar el bienestar de las generaciones futuras".

"El ejercicio de la Presidencia de la Unión Europea supone para su país -afirmó- una ocasión para dar testimonio del compromiso de Francia, según su noble tradición, con los derechos humanos y su promoción para el bien de la persona y de la sociedad. Cuando el ciudadano europeo llegue a experimentar personalmente que los derechos inalienables del ser humano, desde su concepción hasta su muerte natural, así como los concernientes a su educación libre, su vida familiar, su trabajo, sin olvidar naturalmente sus derechos religiosos, cuando este ciudadano europeo, por tanto, entienda que estos derechos, que constituyen una unidad indisociable, son promovidos y respetados, entonces comprenderá plenamente la grandeza de la construcción de la Unión y llegará a ser un artífice activo".

El Santo Padre señaló que "frente al peligro del resurgir de antiguos recelos, tensiones y contraposiciones entre las Naciones, de las que hoy somos testigos preocupados, Francia, históricamente sensible a la reconciliación entre los pueblos, está llamada a ayudar a Europa a construir la paz dentro de sus fronteras y en el mundo entero. A este respecto, es importante promover una unidad que no puede ni quiere transformarse en uniformidad, sino que sea capaz de garantizar el respeto de las diferencias nacionales y de las tradiciones culturales, que constituyen una riqueza en la sinfonía europea, recordando, por otra parte, que "la propia identidad nacional no se realiza sino es en apertura con los demás pueblos y por la solidaridad con ellos". Confío en que vuestro país contribuya cada vez más al progreso de este siglo a la serenidad, la armonía y la paz".

Concluido el encuentro, el Papa se trasladó a la nunciatura apostólica, donde almorzó en privado.

A las 17,00 de hoy, el Santo Padre participará en un breve acto en la nunciatura apostólica con representantes de la comunidad judía y a continuación se dirigirá al Colegio de los Bernardinos, recientemente abierto al público tras su restauración, donde está previsto el encuentro con el mundo de la cultura.

Sábado y Domingo : Servicios especiales sobre el viaje.

Ciudad del Vaticano, 12 Sep 2008 (VIS).- El Vatican Information Service transmitirá el sábado 13 y el domingo 14 de septiembre dos servicios especiales con motivo del viaje apostólico de Benedicto XVI a Francia.

Fortificar la hermandad entre cristianos y judíos.

Ciudad del Vaticano, 12 Sep 2008 (VIS).- El Papa recibió esta tarde a las 17,00 en la nunciatura apostólica de París a los representantes de la comunidad judía francesa y reafirmó que "cristianos y judíos tienen una fraternidad que fortificar y vivir" y que "los vínculos de fraternidad constituyen una invitación constante a conocerse mejor y a respetarse".

"La Iglesia católica (…) repite con fuerza a través de mi voz las palabras del gran Papa Pío XI : (…) "Espiritualmente somos semitas". (…) Por eso se opone a toda forma de antisemitismo del que no hay justificación teológica aceptable. El teólogo Henri de Lubac, en una "hora de tinieblas", como decía Pío XII, comprendió que ser antisemitas significa también ser anticristianos. Una vez más siento el deber de rendir un profundo homenaje a todo los que murieron injustamente y a los que hicieron todo lo posible para que los nombres de las víctimas permaneciesen siempre en el recuerdo. ¡Dios no olvida!".

Finalizado el encuentro, Benedicto XVI se trasladó en automóvil al College des Bernardins donde le esperaban 700 representantes del mundo de la cultura francesa, responsables de la UNESCO, de la Unión Europea y algunos miembros de la comunidad musulmana francesa.

Búsqueda de Dios en la raíces de la cultura europea.

Ciudad del Vaticano, 12 Sep 2008 (VIS).- El mundo de la cultura acogió esta tarde a Benedicto XVI en el College des Bernardins, donde el Papa llegó hacia las 17,30.

La institución fue fundada en 1247 por Ètienne de Lexington, abad cisterciense de Claraval, como centro de formación teológica para los monjes del Císter. Confiscado durante la Revolución, el edificio se vendió y pasó a través de los siglos por diversas peripecias, hasta que lo adquirió la archidiócesis de París. Después de cinco años de restauración, el edificio, auténtica joya de la arquitectura medieval, se abrió al público el pasado 4 de septiembre. Es sede de iniciativas artísticas, conferencias y reuniones.

El discurso del Papa estuvo dedicado al origen de la teología occidental y de las raíces de la cultura europea. "En la gran fractura cultural provocada por las migraciones de los pueblos y el nuevo orden de los Estados que se estaban formando -dijo- los monasterios eran los lugares en los que sobrevivían los tesoros de la vieja cultura y en los que, a partir de ellos, se iba formando poco a poco una nueva cultura".

Pero la intención de los monjes no era "crear una cultura y ni siquiera conservar una cultura del pasado. Su motivación era mucho más elemental. Su objetivo era (…) buscar a Dios. En la confusión de un tiempo en que nada parecía quedar en pie, los monjes querían dedicarse a lo esencial; (…) detrás de lo provisional buscaban lo definitivo".

Para hacerlo seguían las "señales de pista" con las que Dios indicaba el recorrido. "El camino era su Palabra que, en los libros de las Sagradas Escrituras, estaba abierta ante los hombres. La búsqueda de Dios requiere, pues, por intrínseca exigencia una cultura de la palabra. (…) En el monaquismo occidental, escatología y gramática están interiormente vinculadas una con la otra. (…) Así, precisamente por la búsqueda de Dios, resultan importantes las ciencias profanas que nos señalan el camino hacia la lengua".

El Santo Padre habló de los lugares comunes en los monasterios, las bibliotecas y las escuelas, que "indican el camino hacia la palabra", haciendo notar que "la Palabra que abre el camino de la búsqueda de Dios y es ella misma el camino, es una Palabra que mira a la comunidad. (…) La Palabra no lleva a un camino sólo individual de una inmersión mística, sino que introduce en la comunión con cuantos caminan en la fe".

"Como en la escuela rabínica, también entre los monjes, el mismo leer del individuo es simultáneamente un acto corporal -observó-. La Palabra de Dios nos introduce en el coloquio con Dios" y (…) especialmente en el Libro de los Salmos nos ofrece las palabras con que podemos dirigirnos a Él, presentarle nuestra vida con sus altibajos en coloquio ante Él, transformando así la misma vida en un movimiento hacia Él".

Citando la importancia del canto en la vida monástica, Benedicto XVI habló de cómo San Bernardo de Claraval "califica la confusión de un canto mal hecho como un precipitarse en la "zona de la desemejanza", que es el término con que San Agustín describe "su estado interior antes de la conversión. (…) El hombre, creado a semejanza de Dios, al abandonarlo se hunde en la "zona de la desemejanza", en un alejamiento de Dios en el que ya no lo refleja y así se hace desemejante no sólo de Dios, sino también de sí mismo, del verdadero ser hombre".

Para San Bernardo "la cultura del canto es también cultura del ser y los monjes con su plegaria y su canto han de estar a la altura de la Palabra que se les ha confiado, a su exigencia de verdadera belleza".

Asimismo, "para captar de alguna manera la cultura de la palabra, que en el monaquismo occidental se desarrolló por la búsqueda de Dios", es necesario abordar "las Escrituras", que (…) en su conjunto (…) se consideran como la única Palabra de Dios dirigida a nosotros. Pero ya este plural evidencia que aquí la Palabra de Dios nos alcanza sólo (…) a través de las palabras humanas, es decir que Dios nos habla sólo a través de los hombres, mediante sus palabras y su historia".

El Papa señaló que "la Escritura precisa de la interpretación, y precisa de la comunidad en la que se ha formado y en la que es vivida. En ella tiene su unidad y en ella se despliega el sentido que aúna el todo. (…) El cristianismo capta en las palabras la Palabra, el "Logos" mismo, que irradia su misterio a través de tal multiplicidad. Esta estructura especial de la Biblia es un desafío siempre nuevo para cada generación. Por su misma naturaleza excluye todo lo que hoy se llama fundamentalismo".

"La misma Palabra de Dios, de hecho, nunca está presente ya en la simple literalidad del texto. Para alcanzarla se requiere un trascender y un proceso de comprensión, que se deja guiar por el movimiento interior del conjunto y por ello debe convertirse también en un proceso vital. Siempre y sólo en la unidad dinámica del conjunto los muchos libros forman "un" Libro, la Palabra de Dios y la acción de Dios en el mundo se revelan en la palabra y en la historia humana.".

"El trascender de la letra y su comprensión únicamente a partir del conjunto", dijo el Papa, lo expresa drásticamente San Pablo con la frase: "La pura letra mata y, en cambio, el Espíritu da vida", pero (…) el Espíritu liberador no es simplemente (…) la visión personal de quien interpreta. El Espíritu es Cristo, (…) que nos indica el camino. Con la palabra sobre el Espíritu y sobre la libertad se abre un vasto horizonte, pero al mismo tiempo se pone una clara limitación a la arbitrariedad y a la subjetividad, (…) que obliga de manera inequívoca al individuo y a la comunidad y crea un vínculo superior al de la letra: el vínculo del entendimiento y del amor".

"Esa tensión entre vínculo y libertad, que sobrepasa el problema literario de la interpretación de la Escritura, (…) ha plasmado profundamente la cultura occidental. Esa tensión se presenta de nuevo también a nuestra generación como un reto frente a los extremos de la arbitrariedad subjetiva, por una parte, y del fanatismo fundamentalista, por otra. Sería fatal, si la cultura europea de hoy llegase a entender la libertad sólo como la falta total de vínculos y con esto favoreciese inevitablemente el fanatismo y la arbitrariedad".

El Santo Padre observó después que junto al "ora" de la vida monástica, existía también el "labora" y que el "Dios cristiano (…) es también el Creador. Dios trabaja; continúa trabajando en y sobre la historia de los hombres. En Cristo entra como Persona en el trabajo fatigoso de la historia. (…) Dios trabaja y (…) el hombre tiene capacidad y puede participar en la obra de Dios en la creación del mundo. Del monaquismo forma parte (…) una cultura del trabajo, sin la cual el desarrollo de Europa, su ethos y su formación del mundo son impensables".

Retomando el inicio de su discurso sobre el monacato Benedicto XVI reiteró que "quien se hacía monje, avanzaba por un camino largo y profundo, pero había encontrado ya la dirección: la Palabra de la Biblia en la que oía que hablaba el mismo Dios", pero (…) para que se abra un camino hacia el corazón de la Palabra bíblica como Palabra de Dios, esa misma Palabra debe antes ser anunciada desde el exterior".

"De hecho, los cristianos de la Iglesia naciente no consideraron su anuncio misionero como una propaganda, (…) sino como una necesidad intrínseca derivada de la naturaleza de su fe. (…) La universalidad de Dios y la universalidad de la razón abierta hacia Él constituían para ellos la motivación y también el deber del anuncio. Para ellos la fe no pertenecía a las costumbres culturales, diversas según los pueblos, sino al ámbito de la verdad que igualmente tiene en cuenta a todos".

"El esquema fundamental del anuncio cristiano "ad extra" -a los hombres que, con sus preguntas, buscan- se halla en el discurso de san Pablo en el Areópago", cuando (…) anuncia a Aquel, que los hombres ignoran y, sin embargo, conocen: el Ignoto-Conocido; Aquel que buscan, al que, en lo profundo, conocen y que, sin embargo, es el Ignoto y el Incognoscible. Lo más profundo del pensamiento y del sentimiento humano sabe en cierto modo que Él tiene que existir. Que en el origen de todas las cosas debe estar no la irracionalidad, sino la Razón creativa; no el ciego destino, sino la libertad".

"Sin embargo, pese a que todos los hombres en cierto modo sabemos esto, (…) ese saber permanece irreal: Un Dios sólo pensado e inventado no es un Dios. Si Él no se revela, nosotros no llegamos hasta Él. (…) La novedad del anuncio cristiano consiste en un hecho: Él se ha mostrado. Pero esto no es un hecho ciego, sino un hecho que, en sí mismo, es "Logos", presencia de la Razón eterna en nuestra carne".

También en nuestra época "Dios se ha convertido realmente en el gran Desconocido. Pero como entonces, tras las numerosas imágenes de los dioses estaba escondida y presente la pregunta acerca del Dios desconocido, también hoy la actual ausencia de Dios está tácitamente inquieta por la pregunta sobre Él".

"Buscar a Dios y dejarse encontrar por Él: esto hoy no es menos necesario que en tiempos pasados -concluyó Benedicto XVI-. Una cultura meramente positivista que circunscribiera al campo subjetivo como no científica la pregunta sobre Dios, sería la capitulación de la razón, la renuncia a sus posibilidades más elevadas y consiguientemente una ruina del humanismo, cuyas consecuencias no podrían ser más graves. Lo que es la base de la cultura de Europa, la búsqueda de Dios y la disponibilidad para escucharle, sigue siendo aún hoy el fundamento de toda verdadera cultura".

Acabado el discurso el Papa se trasladó en automóvil a la catedral de Notre-Dame para presidir las vísperas con los sacerdotes, religiosos, religiosas, seminaristas y diáconos franceses.

Vísperas con sacerdotes, religiosos, seminaristas y diáconos.

Ciudad del Vaticano, 12 Sep 2008 (VIS).- A las 19,15, en la catedral de Notre Dame, el Papa presidió la celebración de las Vísperas con los sacerdotes, religiosos, religiosas, seminaristas y diáconos. También estaban presentes algunos representantes de otras iglesias y confesiones cristianas.

Comentando en la homilía el salmo 126,1, "Si el Señor no construye la casa, en vano se cansan los albañiles", el Papa dijo: "Quién es este Señor sino Nuestro Señor Jesucristo. Fue Él quien fundó la Iglesia, quien la ha edificado sobre la roca, sobre la fe del Apóstol Pedro. (…) San Agustín se plantea la cuestión de saber quiénes son los albañiles, y él mismo responde: "Todos los que predican la palabra de Dios en la Iglesia, los dispensadores de los misterios de Dios. Todos nos esforzamos, todos trabajamos, todos construimos ahora"; pero es sólo Dios quien, en nosotros, "edifica, quien exhorta, quien amonesta, quien abre el entendimiento, quien os conduce a las verdades de la fe".

"¡Qué maravilla -exclamó- reviste nuestra actividad al servicio de la divina Palabra! Somos instrumentos del Espíritu; Dios tiene la humildad de pasar a través de nosotros para sembrar su Palabra. Llegamos a ser su voz después de haber vuelto el oído a su boca. Ponemos su Palabra en nuestros labios para ofrecerla al mundo. La ofrenda de nuestra plegaria le es agradable y le sirve para comunicarse con todos los que nos encontramos".

Benedicto XVI puso de relieve que "las liturgias de la tierra, ordenadas todas ellas a la celebración de un Acto único de la historia, no alcanzarán jamás a expresar totalmente su infinita densidad. En efecto, la belleza de los ritos nunca será lo suficientemente esmerada, lo suficientemente cuidada, elaborada, porque nada es demasiado bello para Dios, que es la Hermosura infinita. Nuestras liturgias de la tierra no podrán ser más que un pálido reflejo de la liturgia, que se celebra en la Jerusalén de arriba, meta de nuestra peregrinación en la tierra. Que nuestras celebraciones, sin embargo, se le parezcan lo más posible y la hagan presentir".

"Desde ahora -continuó-, la Palabra de Dios nos ha sido dada para ser el alma de nuestro apostolado, el alma de nuestra vida de sacerdotes. (…) A lo largo de la jornada, la Palabra de Dios se convierte en la materia de la oración de toda la Iglesia, que desea así dar testimonio de su fidelidad a Cristo".

El Santo Padre exhortó a los sacerdotes a no tener miedo "de dedicar mucho tiempo a la lectura, a la meditación de la Escritura y al rezo del Oficio divino. Casi sin saberlo, la Palabra leída y meditada en la Iglesia actúa sobre vosotros y os transforma".

Dirigiéndose a continuación a los seminaristas, dijo: "Estáis destinados a ser depositarios de esta Palabra eficaz, que hace lo que dice. Conservad siempre el gusto por la Palabra de Dios. Aprended, por su medio, a amar a todos los que encontréis en vuestro camino. Nadie sobra en la Iglesia, nadie. Todo el mundo puede y debe encontrar su lugar".

El Papa pidió a los diáconos, que "sin buscar sustituir a los presbíteros, sino ayudándolos con amistad y eficacia" fueran "testigos vivos del poder infinito de la divina Palabra".

A los religiosos, religiosas y todas las personas consagradas, Benedicto XVI les recordó que su "única riqueza -la única, verdaderamente, que traspasará los siglos y el dintel de la muerte- es la Palabra del Señor. (…) Vuestra obediencia es, etimológicamente, una escucha, ya que el vocablo "obedecer" viene del latín "obaudire", que significa tender el oído hacia algo o alguien. Obedeciendo, volvéis vuestra alma hacia Aquel que es el Camino, la Verdad y la Vida. (…) La pureza de la divina Palabra es el modelo de vuestra propia castidad; garantía de fecundidad espiritual".

Benedicto XVI saludó al final a los representantes de las Iglesias cristianas y de las comunidades eclesiales, "que han venido a rezar fraternalmente las Vísperas con nosotros en esta catedral".

"Pido ardientemente al Señor -terminó el Papa.-que crezca en nosotros el sentido de esta unidad de la Palabra de Dios, signo, prenda y garantía de la unidad de la Iglesia: no un amor en la Iglesia sin amor a la Palabra, no una Iglesia sin unidad en torno a Cristo redentor, no frutos de redención sin amor a Dios y al prójimo, según los dos mandamientos que resumen toda la Escritura santa".

La Iglesia confía en los jóvenes.

Ciudad del Vaticano, 12 Sep 2008 (VIS).- Finalizadas las Vísperas, el Papa saludó a los jóvenes que transcurrirían la noche en vigilia de oración para prepararse a la Santa Misa que se celebrará mañana en la Explanada de los Inválidos.

Benedicto XVI recordó que la XXIII Jornada Mundial de la Juventud, celebrada en Sydney, "hizo redescubrir a muchos jóvenes la importancia del Espíritu Santo en la vida del cristiano. El Espíritu nos pone en contacto íntimo con Dios, en quien se encuentra la fuente de toda auténtica riqueza humana".

"Todos buscáis amar y ser amados -dijo el Santo Padre-. Tenéis que volver a Dios para aprender a amar y para tener la fuerza de amar".

Después el Papa invitó a los jóvenes a "meditar en la grandeza del sacramento de la Confirmación, (…) que os introduce en una vida de fe adulta. Es urgente comprender cada vez mejor este sacramento para comprobar la calidad y la hondura de vuestra fe y para robustecerla. El Espíritu Santo os acerca al misterio de Dios y os hace comprender quién es Dios. Os invita a ver en el prójimo al hermano, (…) para vivir en comunión con él, humana y espiritualmente, para vivir, por tanto, como Iglesia. Al revelaros quién es Cristo muerto y resucitado por nosotros, nos impulsa a dar testimonio de Él".

"Es urgente hablar de Cristo a vuestro alrededor -exclamó el pontífice-, a vuestras familias y amigos, en vuestros lugares de estudio, de trabajo o de ocio. No tengáis miedo. Tened "la valentía de vivir el Evangelio y la audacia de proclamarlo". (…) Llevad la Buena Noticia a los jóvenes de vuestra edad y también a los otros. Ellos conocen las turbulencias de la afectividad, la preocupación y la incertidumbre con respecto al trabajo y a los estudios. Afrontan sufrimientos y tienen experiencia de alegrías únicas. Dad testimonio de Dios, porque, en cuanto jóvenes, formáis parte plenamente de la comunidad católica. (…) Quiero deciros que la Iglesia confía en vosotros".

El segundo tema de reflexión que el Papa propuso a los jóvenes fue "el misterio de la Cruz".

"Muchos de vosotros -dijo- lleváis colgada del cuello una cadena con una cruz. También yo llevo una. (…) No es un adorno ni una joya. Es el precioso símbolo de nuestra fe, el signo visible y material de la vinculación a Cristo".

"Para los cristianos, la Cruz simboliza la sabiduría de Dios y su amor infinito revelado en el don redentor de Cristo muerto y resucitado para la vida del mundo, en particular, para la vida de cada uno".

La Cruz "no es sólo el signo de vuestra vida en Dios y de vuestra salvación, sino también (…) el testigo mudo de los padecimientos de los hombres y, al mismo tiempo, la expresión única y preciosa de todas sus esperanzas".

"La Cruz pone en peligro en cierta medida la seguridad humana, pero manifiesta, también y sobre todo, la gracia de Dios y confirma la salvación. Esta tarde os confío la Cruz de Cristo. Pablo había entendido la palabra de Jesús -aparentemente paradójica- según la cual sólo entregando ("perdiendo") la propia vida se puede encontrarla y de ello había sacado la conclusión de que la Cruz manifiesta la ley fundamental del amor, la fórmula perfecta de la vida verdadera".

Tras despedirse de los jóvenes el Papa se desplazó a la Nunciatura Apostólica y después de cenar salió al balcón para saludar a los fieles reunidos ante su residencia en la capital francesa.

"¡Vuestra acogida tan cordial conmueve al Papa! -dijo-. Gracias por haberme esperado aquí a pesar de ser tan tarde y de forma tan entusiasta".

"Estoy feliz de sumarme mañana a la multitud de peregrinos de Lourdes para celebrar el Jubileo de las apariciones de la Virgen. Los católicos en Francia necesitan más que nunca renovar su confianza en María, reconociendo en Ella el modelo de su compromiso al servicio del Evangelio. (…) Cuento con vosotros y con vuestras oraciones para que este viaje dé fruto. Que la Virgen os guarde".

Benedicto XVI en el “Institut de France”.

Ciudad del Vaticano, 13 Sep 2008 (VIS).- Hoy sábado, a las 9,00, el Papa llegó al Institut de France, fundado en 1795 y que comprende cinco Academias: Académie française; Académie des inscriptions et belles lettres; Académie des sciences; Académie des beaux-arts; Académie des sciences morales et politiques.

Del Institut de France forman parte representantes eminentes de todos los ámbitos del saber humano. En 1992 el entonces cardenal Joseph Ratzinger, prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, sucedió en la Academia de Ciencias morales y políticas, como miembro asociado, a Andrei Sakharov, premio Nobel de la Paz, fallecido en 1989.

A su llegada, Benedicto XVI fue recibido por el canciller del Instituto, Gabriel de Broglie y por el secretario perpetuo de l’ Académie française, Hélène Carrère d’Encausse, que lo acompañaron a la sala de la Cúpula, donde se reúnen los miembros de las cinco Academias. El pontífice descubrió una placa conmemorativa de su visita y pronunció unas breves palabras.

"Es para mí un gran honor -dijo el Papa– ser recibido esta mañana bajo la Cúpula. No podía venir a París sin saludarles personalmente. Me agrada aprovechar esta feliz ocasión para subrayar los lazos profundos que me unen a la cultura francesa, hacia la que siento una gran admiración".

"Rabelais dijo muy justamente en su tiempo: "La ciencia sin la conciencia no es más que ruina del alma. (…) Fue sin duda para contribuir a evitar el riesgo de una semejante dicotomía que, a finales de enero, y por vez primera en tres siglos y medio, dos Academias del Instituto, dos Academias Pontificias y el Instituto Católico de París organizaron un Coloquio interacadémico sobre la cambiante identidad de la persona. (…) Esta iniciativa podría continuar para explorar conjuntamente los innumerables senderos de las ciencias humanas y experimentales".

Finalizado el encuentro, Benedicto XVI se desplazó en papamóvil a la Explanada de los Inválidos para celebrar la Santa Misa.

Huid del culto a los ídolos.

Ciudad del Vaticano, 13 Sep 2008 (VIS).- Benedicto XVI celebró esta mañana a las 10,00 la Santa Misa en la Explanada de los Inválidos, el conjunto monumental formado por el Hospital de los Inválidos, el Museo del Ejército y la Iglesia de San Luís de los Inválidos con el anejo Dôme (Cúpula), donde se encuentran las cenizas de Napoleón Bonaparte.

"La primera carta de San Pablo dirigida a los Corintios -dijo el Papa en su homilía ante más de 200.000 personas- nos hace descubrir (…) hasta qué punto sigue siendo actual el consejo dado por el Apóstol. "No tengáis que ver con la idolatría", escribió a una comunidad muy afectada por el paganismo e indecisa entre la adhesión a la novedad del Evangelio y la observancia de las viejas prácticas heredadas de sus antepasados".

"Fuera del pueblo de Israel, que había recibido la revelación del Dios único, -explicó- el mundo antiguo era esclavo del culto a los ídolos. Los errores del paganismo, muy visibles en Corinto, debían ser denunciados porque eran una potente alienación y desviaban al hombre de su verdadero destino. Impedían reconocer que Cristo es el único Salvador, el único que indica al hombre el camino hacia Dios".

"Este llamamiento a huir de los ídolos sigue siendo válido también hoy. (…) La palabra "ídolo" viene del griego y significa "imagen", (…) pero también (…) "vana apariencia". El ídolo es un señuelo, pues desvía a quien le sirve de la realidad para encadenarlo al reino de la apariencia".

"¿No es ésta una tentación propia de nuestra época, la única -subrayó el Santo Padre- sobre la que podemos actuar de forma eficaz?. Es la tentación de idolatrar un pasado que ya no existe, olvidando sus carencias, o un futuro que aún no existe, creyendo que el ser humano hará llegar con sus propias fuerzas el reino de la felicidad eterna sobre la tierra". De igual modo, “¿el dinero, el afán de tener, de poder e incluso de saber, acaso no desvían al hombre de su verdadero fin?”.

Pero "la condena radical de la idolatría -afirmó el Papa citando a San Juan Crisóstomo, cuya memoria litúrgica se celebra hoy- no es en modo alguno una condena de la persona del idólatra. Nunca hemos de confundir en nuestros juicios el pecado, que es inaceptable, y el pecador, del que no podemos juzgar su estado de conciencia y que, en todo caso, siempre tiene la posibilidad de convertirse y ser perdonado".

"Dios (…) nunca pide al hombre que sacrifique su razón -observó el pontífice-. La razón nunca está en contradicción real con la fe. El único Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo, ha creado la razón y nos da la fe, proponiendo a nuestra libertad que la reciba como un don precioso. Lo que desencamina al hombre de esta perspectiva es el culto a los ídolos, y la razón misma puede fabricar ídolos".

"Pidamos a Dios, pues, que nos ve y nos escucha, que nos ayude a purificarnos de todos nuestros ídolos para acceder a la verdad de nuestro ser, para acceder a la verdad de su ser infinito".

"San Pablo nos invita a usar no solamente nuestra razón, sino sobre todo nuestra fe para descubrirlo. Ahora bien, ¿qué nos dice la fe?. El pan que partimos es comunión con el Cuerpo de Cristo; el cáliz de acción de gracias que bendecimos es comunión con la Sangre de Cristo".

"Desde hace veinte siglos -recordó el Santo Padre- el Señor resucitado se ha entregado a su pueblo. (…) Veneremos fervientemente el sacramento del Cuerpo y la Sangre del Señor, el Santísimo Sacramento de la presencia real del Señor en su Iglesia y en toda la humanidad".

"La Misa es el sacrificio de acción de gracias por excelencia, el que nos permite unir nuestra propia acción de gracias a la del Salvador. (…) La Misa nos invita a discernir lo que en nosotros obedece al Espíritu de Dios y lo que en nosotros aún permanece a la escucha del espíritu del mal".

Por eso, "alzar la copa de la salvación e invocar el nombre del Señor, ¿no es precisamente la mejor manera de "no tener que ver con la idolatría"?. Cada vez que se celebra una Misa, cada vez que Cristo se hace sacramentalmente presente en su Iglesia, se realiza la obra de nuestra salvación. (…) Sólo Él nos enseña a huir de los ídolos, espejismos del pensamiento".

Pero "¿quién puede alzar la copa de la salvación e invocar el nombre del Señor en nombre de todo el pueblo de Dios, sino el sacerdote?", se preguntó el Papa, y lanzó un "llamamiento esperanzado en la fe y en la generosidad" a "los jóvenes que se plantean la cuestión de la vocación religiosa o sacerdotal: ¡No tengáis miedo! -exclamó-. ¡No tengáis miedo de dar la vida a Cristo! Nada sustituirá jamás el ministerio de los sacerdotes en el corazón de la Iglesia".

"La esperanza seguirá siempre la más fuerte. La Iglesia, construida sobre la roca de Cristo, tiene las promesas de vida eterna, no porque sus miembros sean más santos que los demás, sino porque Cristo hizo esta promesa a Pedro: "Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará".

"Con la inquebrantable esperanza de la presencia eterna de Dios en cada una de nuestras almas, con la alegría de saber que Cristo está con nosotros hasta el final de los tiempos, con la fuerza que el Espíritu Santo ofrece a todos aquellos y aquellas que se dejan alcanzar por Él -concluyó Benedicto XVI– os encomiendo a la acción poderosa del Dios de amor que ha muerto por nosotros en la Cruz y ha resucitado victoriosamente la mañana de Pascua. A todos (…) repito las palabras de San Pablo: Huid del culto de los ídolos, no dejéis de hacer el bien".

Después de la Santa Misa Benedicto XVI se dirigió a la nunciatura apostólica, donde almorzó con los obispos de la región.

En Lourdes se experimenta la cercanía entre cielo y tierra.

Ciudad del Vaticano, 13 Sep 2008 (VIS).- Después de dejar la nunciatura apostólica de París, el Papa se dirigió a las 16,00 al aeropuerto de París-Orly, donde tomó el avión rumbo a Tarbes. Desde allí se desplazó en helicóptero a Lourdes.

El Papa hizo desde el papamóvil las dos primeras etapas del "Camino del Jubileo", que es el recorrido que el peregrino está invitado a realizar en Lourdes con motivo del 150 aniversario de las apariciones de la Virgen. En cada una de las etapas, el Santo Padre pronunció la oración prevista.

El Camino sigue cuatro lugares relacionados con la vida de Bernadette: La fuente bautismal donde fue bautizada: el "Cachot" donde vivió con la familia; la Gruta de Massabielle, lugar de las apariciones de la Virgen, que constituye el corazón del santuario mariano y la capilla en la que recibió la Primera Comunión. Al llegar a la Gruta (tercera etapa), un niño entregó al Papa un vaso de agua de la fuente. Posteriormente, el Santo Padre encendió un cirio del gran candelabro y se recogió en silencio antes de leer la oración de esta etapa del Jubileo. A continuación se trasladó al Ermitage St. Joseph, donde cenó.

 
A las 21,15 Benedicto XVI se dirigió a la Basílica y desde la terraza inferior siguió la parte final de la procesión "aux flambeaux" (con antorchas), que partiendo de la Gruta de las Apariciones concluyó delante de la Basílica.

El Papa comenzó su discurso recordando que "hace ciento cincuenta años, el 11 de febrero de 1858, en el lugar llamado la gruta de Massabielle, apartada del pueblo, una simple muchacha de Lourdes, Bernadette Soubirous, vio una luz y, en la luz, una mujer joven "hermosa, la más hermosa". (…) En la conversación, en el diálogo impregnado de delicadeza, la Señora le encarga transmitir algunos mensajes muy simples sobre la oración, la penitencia y la conversión".

"Lourdes -dijo- es uno de los lugares que Dios ha elegido para reflejar un destello especial de su belleza, por ello la importancia aquí del símbolo de la luz. (…) Ante la gruta, día y noche, verano e invierno, una zarza ardiente brilla rodeada de las oraciones de los peregrinos y enfermos, que expresan sus preocupaciones y necesidades, pero sobre todo su fe y su esperanza".

Benedicto XVI señaló que "al venir en peregrinación aquí, a Lourdes, queremos entrar, siguiendo a Bernadette, en esta extraordinaria cercanía entre el cielo y la tierra que nunca ha faltado y que se consolida sin cesar. (…) Durante las apariciones, Bernadette reza el Rosario bajo la mirada de María, que se une a ella en el momento de la doxología. Este hecho confirma en realidad el carácter profundamente teocéntrico de la oración del Rosario. Cuando rezamos el Rosario, María nos ofrece su corazón y su mirada para contemplar la vida de su Hijo, Jesucristo".

Tras recordar que Juan Pablo II vino a Lourdes en dos ocasiones y que "promovió vivamente la oración del Rosario", el Papa afirmó que enriqueció esta oración mariana "con la meditación de los Misterios Luminosos".

"La procesión de las antorchas hace presente ante nuestros ojos de carne el misterio de la oración: en la comunión de la Iglesia, que une a los elegidos del cielo y a los peregrinos de la tierra, la luz brota del diálogo entre el hombre y su Señor, y se abre un camino luminoso en la historia humana, incluidos sus momentos más oscuros".

El Santo Padre subrayó que "esta procesión es un momento de gran alegría eclesial, pero también de gravedad: las intenciones que presentamos subrayan nuestra profunda comunión con todos los que sufren. Pensamos en las víctimas inocentes que padecen la violencia, la guerra, el terrorismo, la penuria, o que sufren las consecuencias de la injusticia, de las plagas, de las calamidades, del odio y de la opresión, de la violación de su dignidad humana y de sus derechos fundamentales, de su libertad de actuar y de pensar. Pensamos también en quienes tienen problemas familiares o en quienes sufren por el desempleo, la enfermedad, la discapacidad, la soledad o por su situación de inmigrantes. No quiero olvidar a los que sufren a causa del nombre de Cristo y que mueren por Él".

"María -aseguró- nos enseña a orar, a hacer de nuestra plegaria un acto de amor a Dios y de caridad fraterna. Al orar con María, nuestro corazón acoge a los que sufren. (…) Lourdes es un lugar de luz, porque es un lugar de comunión, esperanza y conversión". Por contraste, añadió, "el pecado nos hace ciegos, nos impide proponernos como guía para nuestros hermanos, y nos lleva a desconfiar de ellos para dejarnos guiar. Necesitamos ser iluminados".

"En este santuario de Lourdes al que vuelven sus ojos los cristianos de todo el mundo desde que la Virgen María hizo brillar la esperanza y el amor al dar el primer puesto a los enfermos, los pobres y los pequeños, se nos invita a descubrir la sencillez de nuestra vocación: Basta con amar".

El Papa concluyó haciendo hincapié en las muchas personas que "vienen aquí para ver, esperando quizá secretamente recibir alguna gracia" y que al regresar, "habiendo hecho una experiencia espiritual de vida auténticamente eclesial, vuelven su mirada a Dios, a los otros y a sí mismos. Les llena una pequeña llama con el nombre de esperanza, compasión, ternura. El encuentro discreto con Bernadette y la Virgen María puede cambiar una vida, pues están presentes en este lugar de Massabielle para llevarnos a Cristo que es nuestra vida, nuestra fuerza y nuestra luz".



Notas de prensa 2013-15

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