5 junio 2007, 14:18

 

Principios de la doctrina social cristiana 
martes, 05 de junio de 2007, 14:39:15 | FPC.

Autor : Manfred Spieker. Universidad de Osnabrück – Alemania (*). Fuente : Europe for Christ. P.O. Box 57. 1014 Vienna. Tel.: +43/1/2749898. url : europe4christ.net – e-mail : office@europe4christ.net (**)
 
La doctrina social cristiana es una disciplina teológica que estudia las consecuencias del Evangelio sobre las estructuras sociales, económicas y políticas. Vuelve a cuestionar incesantemente las condiciones de un orden humano entre las relaciones económicas y sociales y entre el Estado y el ámbito internacional. Habida cuenta que para una vida humana coronada de éxitos no solo la relación entre el individuo y sus propias virtudes, sino también el orden social y político tienen una importancia fundamental, la doctrina social cristiana debe ser entendida como un marco ético. Esta encuentra su fuente en la dignidad de la persona, que para el cristiano se basa en la idea de que ha sido creado a imagen de Dios, pero que igualmente tiene su lugar dentro de las leyes de los estados en tanto que es punto de partida y objetivo de todos los marcos políticos y jurídicos. Es así una herramienta de primera mano para el desarrollo de líneas directrices para las actividades sociales y políticas.
 

La primera línea directriz es el principio del bien común. El bien común es la suma de las condiciones sociales y políticas de una vida humana “lograda”. En las Naciones Unidas, ya sea para los asuntos de política local como global, las políticas deben siempre orientarse hacia el bien común para mejorar las oportunidades de desarrollo de los pueblos – así como de la persona en su integridad y de todas las personas. Las políticas deben por un lado combatir la pobreza y hacer desaparecer la opresión, y por otro lado asegurar la libertad y la justicia. Estos objetivos están sostenidos por dos otros principios de la doctrina social cristiana, la solidaridad y la subsidiaridad.

El principio de la solidaridad pone en evidencia el significado esencial de la solidaridad para las políticas ancladas en la comprensión de la dignidad humana. La solidaridad es la concienciación de la unión y del sentido de responsabilidad, que encuentra su fuente en la imagen personalista del Hombre. Ya sea en familia o en sociedad, en empresa o en economía, en el estado o en las relaciones internacionales, sin la solidaridad la convivencia entre los seres humanos es impensable. La solidaridad es de una parte una virtud y de otra parte un principio estructural del orden del Estado; es la capacidad y la disposición de un individuo para reconocer la dignidad y los derechos de su prójimo y de expresar este reconocimiento en sus propios modo de vida y de actuaciones. En tanto que principio estructural, no solo tiene influencia sobre las legislaciones económica y social, sino que igualmente sobre el conjunto de orden legal que busca garantizar la solidaridad con independencia de las decisiones cotidianas de los ciudadanos.

La solidaridad no se puede concebir sin la subsidiariedad. El principio de subsidiariedad es una línea directriz de la enseñanza social cristiana que organiza la relación entre el estado y la sociedad. El estado debe en principio ofrecer a la sociedad (ciudadanos individuales, familias, grupos y empresas) una ayuda para la autonomía – ni más, ni menos. El concepto de subsidiariedad viene del latín “subsidium ferre” que significa llevar asistencia, ofrecer una ayuda o una protección.

El principio de subsidiariedad descansa sobre la asunción de que todo lo que un ciudadano individual (y las organizaciones que él mismo ha construido tales como la familia o una empresa) puede emprender no le debe ser sustraido por el estado. En este sentido, este principio es la piedra angular de un orden de estado fundado sobre la libertad y la dignidad de la persona. Existe por tanto un poder activador por parte  del estado y a la vez un efecto limitador. Le obliga a sostener las comunidades inferiores o menores con la finalidad de proporcionarles una mejor situación, y así ayudar a los ciudadanos individuales a desarrollar una vida humana en dignidad y una existencia personal. Sin embargo, no permite una intervención en los dominios de la vida y los deberes de sus comunidades, si estas están en posición de establecerlas y de acometer sus metas por si mismas. El principio de subsidiariedad descansa sobre el reconocimiento antropológico del hecho de que el éxito de una vida humana depende primero y sobre todo de la disposición y de la capacidad de la persona para aprovechar las oportunidades, asumir los riesgos, sobrellevar las pruebas y generar los logros.

Para que los principios aquí enunciados sobre la organización de la economía y de la sociedad sean productivos, la enseñanza social cristiana debe colaborar con todas las disciplinas de ciencia social, particularmente la economía, la sociología y las ciencias jurídicas y políticas. Con su ayuda, puede analizar y reanalizar los signos de los tiempos y proponer normas y máximas. Esta discusión con las desarrollos sociales a la luz de los principios de la enseñanza social cristiana está reflejada en las encíclicas papales sociales, desde la “Rerum Novarum” (1891) hasta la “Centesimus Annus” (1991). El hecho de que la enseñanza de estos principios no se haya quedado en estado teórico sino que haya tenido en los siglos XIX y XX una gran repercusión práctica queda demostrado por los desarrollos del sistema de seguridad social en los países germanos, por la caída del comunismo y los procesos de transformación post-comunistas, por la atención reforzada en los problemas del Tercer mundo y el último pero no menos importante por el proceso de integración de la Unión Europea.

(*) Manfred Spieker.

Profesor de enseñanza social Cristiana en la Universidad de Osnabrück (Alemania) y presidente de la Sociedad Internacional para la Enseñanza Social Cristiana.

(**) Campaña por una Europa Cristiana.

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