21 abril 2008, 22:10

Sumario del viaje del Papa a Estados Unidos (IIª Parte) 
lunes, 21 de abril de 2008, 21:15:08 | FPC. 

Viaje apostólico a los Estados Unidos y visita a la sede de la ONU (New York y Washington). 18-21 de abril de 2008. 

18-19 abril : 

– Los derechos humanos tienen carácter universal. 
– El Papa saluda al personal de las Naciones Unidas. 
– Comunidad judía : construid puentes de amistad. 
– Un testimonio claro de las razones de nuestra esperanza. 
– Programa del viaje para el sábado y el domingo. 

19-20 abril : 

– Desafío de la Iglesia : comunicar la alegría que nace de la fe. 
– La fe ayuda a ver la vida como la ve Dios
– Jóvenes : oración personal, litúrgica y caridad. 
– El Papa en la zona cero : ¡Dios otorgue paz a un mundo violento!. 

20-21 abril :

– Superar toda separación entre fe y vida.
– Promover una coexistencia pacifica entre las naciones.

Los derechos humanos tienen carácter universal.

Ciudad del Vaticano, 18 abr 2008 (VIS).- El Papa visitó esta mañana la sede de la Organización de las Naciones Unidas en Nueva York, donde fue acogido por el secretario general, Ban Ki-moon y el presidente de la asamblea general, Srgjan Kerim en la entrada de la sede.

Benedicto XVI es el tercer pontífice que se dirige a la asamblea general de las Naciones Unidas. Pablo VI pronunció un discurso el 4 de octubre de 1965 y Juan Pablo II lo hizo en dos ocasiones: el 2 de octubre de 1979 y el 5 de octubre de 1995.

Después de un coloquio privado con el secretario general, el Santo Padre se encontró con los representantes de los 192 Estados miembros en el aula de la asamblea general.

Ofrecemos a continuación párrafos del discurso del Papa:

"A través de las Naciones Unidas, los Estados han establecido objetivos universales que, aunque no coincidan con el bien común total de la familia humana, representan sin duda una parte fundamental de este mismo bien. Los principios fundacionales de la Organización -el deseo de la paz, la búsqueda de la justicia, el respeto de la dignidad de la persona, la cooperación y la asistencia humanitaria- expresan las justas aspiraciones del espíritu humano y constituyen los ideales que deberían estar subyacentes en las relaciones internacionales (…) Las Naciones Unidas encarnan la aspiración a "un grado superior de ordenamiento internacional" inspirado y gobernado por el principio de subsidiaridad y, por tanto, capaz de responder a las demandas de la familia humana mediante reglas internacionales vinculantes y estructuras capaces de armonizar el desarrollo cotidiano de la vida de los pueblos. Esto es más necesario aún en un tiempo en el que experimentamos la manifiesta paradoja de un consenso multilateral que sigue padeciendo una crisis a causa de su subordinación a las decisiones de unos pocos, mientras que los problemas del mundo exigen intervenciones conjuntas por parte de la comunidad internacional".

"Ciertamente, cuestiones de seguridad, los objetivos del desarrollo, la reducción de las desigualdades locales y globales, la protección del entorno, de los recursos y del clima, requieren que todos los responsables internacionales actúen conjuntamente y demuestren una disponibilidad para actuar de buena fe, respetando la ley y promoviendo la solidaridad con las regiones más débiles del planeta. Pienso particularmente en aquellos países de Africa y de otras partes del mundo que permanecen al margen de un auténtico desarrollo integral, y corren por tanto el riesgo de experimentar sólo los efectos negativos de la globalización. En el contexto de las relaciones internacionales, es necesario reconocer el papel superior que desempeñan las reglas y las estructuras intrínsecamente ordenadas a promover el bien común y, por tanto, a defender la libertad humana. Dichas reglas no limitan la libertad. Por el contrario, la promueven cuando prohíben comportamientos y actos que van contra el bien común, obstaculizan su realización efectiva y, por tanto, comprometen la dignidad de toda persona humana".

"Aquí, nuestro pensamiento se dirige al modo en que a veces se han aplicado los resultados de los descubrimientos de la investigación científica y tecnológica. No obstante los enormes beneficios que la humanidad puede recabar de ellos, algunos aspectos de dicha aplicación representan una clara violación del orden de la creación, hasta el punto en que no solamente se contradice el carácter sagrado de la vida, sino que la persona humana misma y la familia se ven despojadas de su identidad natural. Del mismo modo, la acción internacional dirigida a preservar el entorno y a proteger las diversas formas de vida sobre la tierra no ha de garantizar solamente un empleo racional de la tecnología y de la ciencia, sino que debe redescubrir también la auténtica imagen de la creación. Esto nunca requiere optar entre ciencia y ética: se trata más bien de adoptar un método científico que respete realmente los imperativos éticos".

"El reconocimiento de la unidad de la familia humana y la atención a la dignidad innata de cada hombre y mujer adquiere hoy un nuevo énfasis con el principio de la responsabilidad de proteger (…) Todo Estado tiene el deber primario de proteger a la propia población de violaciones graves y continuas de los derechos humanos, como también de las consecuencias de las crisis humanitarias, ya sean provocadas por la naturaleza o por el hombre. Si los Estados no son capaces de garantizar esta protección, la comunidad internacional ha de intervenir con los medios jurídicos previstos por la Carta de las Naciones Unidas y por otros instrumentos internacionales. La acción de la comunidad internacional y de sus instituciones, dando por sentado el respeto de los principios que están a la base del orden internacional, no tiene por qué ser interpretada nunca como una imposición injustificada y una limitación de soberanía".

"El principio de la “responsabilidad de proteger” fue considerado por el antiguo "ius gentium" como el fundamento de toda actuación de los gobernadores hacia los gobernados. (…) Hoy como entonces, este principio ha de hacer referencia a la idea de la persona como imagen del Creador, al deseo de una absoluta y esencial libertad. Como sabemos, la fundación de las Naciones Unidas coincidió con la profunda conmoción experimentada por la humanidad cuando se abandonó la referencia al sentido de la trascendencia y de la razón natural y, en consecuencia, se violaron gravemente la libertad y la dignidad del hombre. (…) Cuando se está ante nuevos e insistentes desafíos, es un error retroceder hacia un planteamiento pragmático, limitado a determinar "un terreno común" minimalista en los contenidos y débil en su efectividad.

"La referencia a la dignidad humana, que es el fundamento y el objetivo de la responsabilidad de proteger, nos lleva al tema sobre el cual hemos sido invitados a centrarnos este año, en el que se cumple el 60° aniversario de la Declaración Universal de los Derechos del Hombre (..) Los derechos humanos son presentados cada vez más como el lenguaje común y el sustrato ético de las relaciones internacionales. Al mismo tiempo, la universalidad, la indivisibilidad y la interdependencia de los derechos humanos sirven como garantía para la salvaguardia de la dignidad humana. Sin embargo, es evidente que los derechos reconocidos y enunciados en la Declaración se aplican a cada uno en virtud del origen común de la persona, la cual sigue siendo el punto más alto del designio creador de Dios para el mundo y la historia. Estos derechos se basan en la ley natural inscrita en el corazón del hombre y presente en las diferentes culturas y civilizaciones. Arrancar los derechos humanos de este contexto significaría restringir su ámbito y ceder a una concepción relativista, según la cual el sentido y la interpretación de los derechos podrían variar, negando su universalidad en nombre de los diferentes contextos culturales, políticos, sociales e incluso religiosos".

"La vida de la comunidad, tanto en el ámbito interior como en el internacional, muestra claramente cómo el respeto de los derechos y las garantías que se derivan de ellos son las medidas del bien común que sirven para valorar la relación entre justicia e injusticia, desarrollo y pobreza, seguridad y conflicto (…). La Declaración Universal tiene el mérito de haber permitido confluir en un núcleo fundamental de valores y, por lo tanto, de derechos, a diferentes culturas, expresiones jurídicas y modelos institucionales. No obstante, hoy es preciso redoblar los esfuerzos ante las presiones para reinterpretar los fundamentos de la Declaración y comprometer con ello su íntima unidad, facilitando así su alejamiento de la protección de la dignidad humana para satisfacer meros intereses, con frecuencia particulares".

"La experiencia nos enseña que a menudo la legalidad prevalece sobre la justicia cuando la insistencia sobre los derechos humanos los hace aparecer como resultado exclusivo de medidas legislativas o decisiones normativas tomadas por las diversas agencias de los que están en el poder. Cuando se presentan simplemente en términos de legalidad, los derechos corren el riesgo de convertirse en proposiciones frágiles, separadas de la dimensión ética y racional, que es su fundamento y su fin. Por el contrario, la Declaración Universal ha reforzado la convicción de que el respeto de los derechos humanos está enraizado principalmente en la justicia que no cambia, sobre la cual se basa también la fuerza vinculante de las proclamaciones internacionales. Este aspecto se ve frecuentemente desatendido cuando se intenta privar a los derechos de su verdadera función en nombre de una mísera perspectiva utilitarista. Puesto que los derechos y los consiguientes deberes provienen naturalmente de la interacción humana, es fácil olvidar que son el fruto de un sentido común de la justicia, basado principalmente sobre la solidaridad entre los miembros de la sociedad y, por tanto, válidos para todos los tiempos y todos los pueblos".

"(…) Con el transcurrir de la historia surgen situaciones nuevas y se intenta conectarlas a nuevos derechos. El discernimiento, es decir, la capacidad de distinguir el bien del mal, se hace más esencial en el contexto de exigencias que conciernen a la vida misma y al comportamiento de las personas, de las comunidades y de los pueblos".

"Así, el discernimiento muestra cómo el confiar de manera exclusiva a cada Estado, con sus leyes e instituciones, la responsabilidad última de conjugar las aspiraciones de personas, comunidades y pueblos enteros puede tener a veces consecuencias que excluyen la posibilidad de un orden social respetuoso de la dignidad y los derechos de la persona. Por otra parte, una visión de la vida enraizada firmemente en la dimensión religiosa puede ayudar a conseguir dichos fines, puesto que el reconocimiento del valor trascendente de todo hombre y toda mujer favorece la conversión del corazón, que lleva al compromiso de resistir a la violencia, al terrorismo y a la guerra, y de promover la justicia y la paz. Además, esto proporciona el contexto apropiado para ese diálogo interreligioso que las Naciones Unidas están llamadas a apoyar, del mismo modo que apoyan el diálogo en otros campos de la actividad humana".

"Obviamente, los derechos humanos deben incluir el derecho a la libertad religiosa, entendido como expresión de una dimensión que es al mismo tiempo individual y comunitaria, una visión que manifiesta la unidad de la persona, aun distinguiendo claramente entre la dimensión de ciudadano y la de creyente (…) Es inconcebible, por tanto, que los creyentes tengan que suprimir una parte de sí mismos -su fe- para ser ciudadanos activos. Nunca debería ser necesario renegar de Dios para poder gozar de los propios derechos. Los derechos asociados con la Religión necesitan protección sobre todo si se los considera en conflicto con la ideología secular predominante o con posiciones de una mayoría religiosa de naturaleza exclusiva. No se puede limitar la plena garantía de la libertad religiosa al libre ejercicio del culto, sino que se ha de tener en la debida consideración la dimensión pública de la Religión y, por tanto, la posibilidad de que los creyentes contribuyan a la construcción del orden social".

"Mi presencia en esta Asamblea es una muestra de estima por las Naciones Unidas y es considerada como expresión de la esperanza en que la Organización sirva cada vez más como signo de unidad entre los Estados y como instrumento al servicio de toda la familia humana. Manifiesta también la voluntad de la Iglesia Católica de ofrecer su propia aportación a la construcción de relaciones internacionales en un modo en que se permita a cada persona y a cada pueblo percibir que son un elemento capaz de marcar la diferencia".

"Las Naciones Unidas siguen siendo un lugar privilegiado en el que la Iglesia está comprometida a llevar su propia experiencia “en humanidad”, desarrollada a lo largo de los siglos entre pueblos de toda raza y cultura, y a ponerla a disposición de todos los miembros de la comunidad internacional. Esta experiencia y actividad, orientadas a obtener la libertad para todo creyente, intentan aumentar también la protección que se ofrece a los derechos de la persona. Dichos derechos están basados y plasmados en la naturaleza trascendente de la persona, que permite a hombres y mujeres recorrer su camino de fe y su búsqueda de Dios en este mundo. El reconocimiento de esta dimensión debe ser reforzado si queremos fomentar la esperanza de la humanidad en un mundo mejor, y crear condiciones propicias para la paz, el desarrollo, la cooperación y la garantía de los derechos de las generaciones futuras".

Terminado el discurso, el Santo Padre se encontró con el presidente de la asamblea general y posteriormente con el presidente del Consejo de Seguridad, que en el mes de abril es el embajador de Sudáfrica Dumisani Kumalo.

Para leer el discurso completo. Pulse aquí.

El Papa saluda al personal de las Naciones Unidas.

Ciudad del Vaticano, 18 abr 2008 (VIS).- Finalizado el encuentro con el presidente del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, el Papa saludó a los funcionarios y al personal de ese organismo y les dirigió unas breves palabras.

Benedicto XVI comparó el pequeño espacio de la ONU y la grandeza de su misión con la reducida dimensión del Estado de la Ciudad del Vaticano y la universalidad de la tarea de la Iglesia. Este parangón se extendió a los artistas del siglo XVI que pintaron los mapas del Palacio Apostólico y a los autores de las obras de arte del Palacio de Cristal.

"Aquí vemos -dijo el Papa– imágenes de los efectos de la guerra y de la pobreza, se nos recuerda el deber de comprometernos por un mundo mejor, y experimentamos alegría por la genuina variedad y exuberancia de la cultura humana, como se pone de manifiesto en la amplia gama de pueblos y naciones reunidos bajo la protección de la Comunidad Internacional".

Benedicto XVI manifestó su aprecio y el de toda la Iglesia a los trabajadores de la ONU y recordó "de manera especial a tantos civiles y custodios de la paz (…) que han sacrificado sus vidas sobre el terreno por el bien de los pueblos a los que sirven", así como a "la gran multitud de los que dedican su vida a trabajos no siempre suficientemente reconocidos, y realizados con frecuencia en condiciones difíciles".

El personal de la ONU, observó, "forma un microcosmos del mundo entero, en el que cada uno ofrece una aportación indispensable desde el punto de vista de su propio patrimonio cultural y religioso. Los ideales que han inspirado a los fundadores de esta institución deben expresarse, aquí y en cada una de las misiones de la Organización, en el respeto y la aceptación recíproca, que son características de una familia próspera".

Comunidad judía : construid puentes de amistad.

Ciudad del Vaticano, 18 abr 2008 (VIS).- A las 17,20 el Santo Padre visitó la sinagoga de Park East, construida en 1889, uno de los lugares históricos de Nueva York, cuyos miembros se dedican a diversas actividades educativas y de asistencia. El rabino es el austriaco Arthur Schneier, superviviente del Holocausto y presidente de la fundación "Appeal of Conscience", que invita a hacer de la Cruz, la Media Luna y la Estrella de David, símbolos de paz, tolerancia y respeto mutuo.

A su llegada, el Santo Padre dijo que quería expresar a la comunidad judía de Nueva York su "respeto y estima", y afirmó que "era conmovedor pensar que Jesús, de pequeño, escuchó las palabras de la Sagrada Escritura y rezó en un lugar como éste".

Después de agradecer al rabino Schneier sus palabras de bienvenida, Benedicto XVI afirmó que sabía muy bien que la comunidad judía "ha ofrecido una contribución muy válida a la vida de la ciudad", e invitó a todos sus miembros a "seguir construyendo puentes de amistad con todos los grupos étnicos y religiosos cercanos".

Benedicto XVI renovó sus mejores deseos de Pessah a la comunidad y les aseguró su oración "mientras rememoráis -dijo- los signos y prodigios que Dios obró para liberar a su pueblo elegido".

Un testimono claro de las razones de nuestra esperanza.

Ciudad del Vaticano, 18 abr 2008 (VIS).- A las 18,00, el Santo Padre participó en un encuentro ecuménico en la Iglesia de San José, en Nueva York. Asistieron al acto 250 representantes de 10 confesiones cristianas.

Al comienzo de su discurso, el Santo Padre manifestó su aprecio por "la obra inestimable de todos los que están comprometidos en el ecumenismo" en Estados Unidos: el National Council of Churches, el Christian Churches Together, el Catholic Bishops’s Secretariat for Ecumenical and Interreligious Affairs, y otros muchos. "La aportación ofrecida al movimiento ecuménico por los cristianos de los Estados Unidos -dijo- es notoria en todo el mundo".

Como consecuencia de la globalización, existe "un sentido creciente de interrelación e interdependencia entre los pueblos, incluso cuando, hablando en términos geográficos y culturales, están distantes unos de otros. (…) Por otra parte, no se puede negar que los rápidos cambios que suceden en el mundo presentan también algunos signos desagradables de fragmentación y de repliegue en el individualismo".

El Papa manifestó su preocupación por "la difusión de la ideología secularista, que socava e incluso rechaza la verdad trascendente. La misma posibilidad de una revelación divina, y por tanto de la fe cristiana, se ha puesto a menudo en discusión por tendencias de pensamiento muy difundidas en los ambientes universitarios, en los medios de comunicación y en la opinión pública. Por estas razones, es más necesario que nunca un testimonio fiel del Evangelio. Se pide a los cristianos que den razón de su esperanza con claridad".

"Con mucha frecuencia los no cristianos, al ver la fragmentación de las comunidades cristianas, se quedan, con razón, confundidos sobre el mensaje mismo del Evangelio. A veces las creencias y comportamientos cristianos fundamentales son modificados dentro de las comunidades por las llamadas "acciones proféticas", basadas en una hermenéutica no siempre en consonancia con la Escritura y la Tradición. Como consecuencia, las comunidades renuncian a actuar como un cuerpo unido, y prefieren en cambio actuar según el principio de "las opciones locales".

Benedicto XVI señaló que "frente a estas dificultades, en primer lugar, debemos recordar que la unidad de la Iglesia deriva de la perfecta unidad de la Trinidad". Refiriéndose a los apóstoles, recordó que "la eficacia última de su predicación (…) dependía de la acción del Espíritu, que confirmaba su testimonio autorizado".

"La fuerza del kerigma -continuó- no ha perdido nada de su dinamismo interior. Sin embargo, debemos preguntarnos si no se ha atenuado toda su fuerza por un enfoque relativista de la doctrina cristiana similar al que encontramos en las ideologías secularizadas, que, al sostener que solamente la ciencia es "objetiva", relegan completamente la Religión a la esfera subjetiva del sentimiento del individuo".

El Santo Padre afirmó que aunque "los descubrimientos científicos y sus realizaciones a través del ingenio humano ofrecen a la humanidad sin duda nuevas posibilidades de mejora, esto no significa, sin embargo, que lo que "puede ser conocido" ha de limitarse a lo que es verificable empíricamente, ni que la Religión esté confinada al reino cambiante de la "experiencia personal".

"La aceptación de esta línea errónea de pensamiento llevaría a los cristianos a la conclusión de que en la exposición de la fe cristiana no es necesario subrayar la verdad objetiva, porque no hay más que seguir la propia conciencia y escoger la comunidad que mejor concuerde con los propios gustos personales. El resultado de esto se puede observar en la continua proliferación de comunidades, que con frecuencia evitan estructuras institucionales y minimizan la importancia del contenido doctrinal para la vida cristiana".

El Papa aseguró a los representantes de las distintas confesiones cristianas que "solamente "manteniéndose firmes" en la enseñanza segura lograremos responder a los retos que nos asaltan en un mundo que cambia. Sólo así daremos un testimonio firme de la verdad del Evangelio y de su enseñanza moral. Éste es el mensaje que el mundo espera oír de nosotros".

"Igual que los primeros cristianos, tenemos la responsabilidad de dar un testimonio transparente de las "razones de nuestra esperanza", de manera que los ojos de todos los hombres de buena voluntad se abran para ver que Dios ha manifestado su rostro y nos ha permitido acceder a su vida divina a través de Jesucristo. ¡Sólo Él es nuestra esperanza!".

Benedicto XVI pidió al final que este encuentro "sea un ejemplo de la importancia de la oración en el movimiento ecuménico; pues, sin oración, las estructuras, las instituciones y los programas ecuménicos quedarían despojados de su corazón y de su alma".

Programa del viaje para el sábado y el domingo.

Ciudad del Vaticano, 19 abr 2008 (VIS).- Hoy, tercer aniversario de su elección, Benedicto XVI celebra la Santa Misa a las 9,15 (15,15 de Roma) para sacerdotes, religiosos y religiosas, en la Catedral de San Patricio de Nueva York.

A las 16,00, el Santo Padre se traslada al Seminario de San José, donde saludará brevemente a un grupo de jóvenes discapacitados. Posteriormente, en el campo deportivo que se encuentra detrás del seminario, tendrá un encuentro con jóvenes y seminaristas.

Terminado el encuentro, el Papa regresará a la residencia en la que se aloja estos días, para cenar con el personal de la misión permanente de la Santa Sede ante la ONU.

Mañana, domingo 20 de abril, último día de su viaje apostólico a Estados Unidos, el Papa visitará a las 9,30 Ground Zero, el lugar en el que se encontraban las dos torres gemelas, que el 11 de septiembre de 2001 fueron destruidas por dos aviones, causando 2.896 víctimas.

A las 14,30, el Santo Padre celebrará misa en el Yankee Stadium de Nueva York, con capacidad para 60.000 personas. Desde 1923 es el estadio del equipo de béisbol de la ciudad, famoso por haber vencido el mayor número de campeonatos del mundo.

Benedicto XVI se trasladará a las 19,30 al aeropuerto internacional John Fitzgerald Kennedy, donde a las 20,00 tendrá lugar la ceremonia de despedida.

El avión papal está previsto que despegue a las 20,30 (2,30 de Roma) y tras ocho horas de vuelo, aterrizará en el aeropuerto romano de Ciampino a las 10,45.

Desafío de la Iglesia : comunicar la alegría que nace de la fe.

Ciudad del Vaticano, 19 abr 2008 (VIS).- Benedicto XVI celebró esta mañana a las 9,15 la Santa Misa en la neogótica catedral de Saint Patrick. A su llegada el Santo Padre fue recibido por el cardenal Edward Egan, arzobispo de New York, el rector de la catedral Robert T. Ritchie y el alcalde de esa ciudad Michael Bloomberg.

La Santa Misa, por la Iglesia universal, que coincidió con el tercer aniversario de la elección al solio pontificio de Benedicto XVI, fue ofrecida por el clero y los religiosos y religiosas de las diócesis de la Costa Oriental (East Coast) de Estados Unidos, donde se encuentra New York.

En su homilía, el Santo Padre recordó que "en este país la misión de la Iglesia ha conllevado siempre atraer a la gente "de todas las naciones de la tierra" hacia una unidad espiritual, enriqueciendo el Cuerpo de Cristo con la multiplicidad de sus dones. Al mismo tiempo que damos gracias por las bendiciones del pasado y consideramos los desafíos del futuro, queremos implorar de Dios la gracia de un nuevo Pentecostés para la Iglesia en América".

"La Iglesia (…) -prosiguió- está llamada a proclamar el don de la vida, a proteger la vida y a promover una cultura de la vida. (…) La proclamación de la vida, de la vida abundante, debe ser el centro de la nueva evangelización. Pues la verdadera vida – nuestra salvación- se encuentra sólo en la reconciliación, en la libertad y en el amor, que son dones gratuitos de Dios".

"Éste es el mensaje de esperanza que estamos llamados a anunciar y encarnar en un mundo en el que egocentrismo, avidez, violencia y cinismo parecen sofocar muy a menudo el crecimiento frágil de la gracia en el corazón de la gente", observó el Papa, y afirmó a continuación que "quizá hemos perdido de vista que en una sociedad en la que la Iglesia parece a muchos que es legalista e "institucional", nuestro desafío más urgente es comunicar la alegría que nace de la fe y de la experiencia del amor de Dios".

Benedicto XVI se detuvo después en algunos aspectos de la catedral para relacionarlos con la misión del clero y los religiosos en la Iglesia.

"El primer aspecto -dijo- se refiere a los ventanales con vidrieras, que "vistos desde fuera (…) parecen oscuros, recargados y hasta lúgubres. Pero cuando se entra en el templo, de improviso toman vida; al reflejar la luz que las atraviesa revelan todo su esplendor", y subrayó que la Iglesia estaba llamada a "atraer dentro de este misterio de luz a toda la gente".

"No es un cometido fácil -aseguró -en un mundo que es propenso a mirar "desde fuera" a la Iglesia, igual que a aquellos ventanales: un mundo que siente profundamente una necesidad espiritual, pero que encuentra difícil "entrar en el" misterio de la Iglesia. También para algunos de nosotros, desde dentro, la luz de la fe puede amortiguarse por la rutina y el esplendor de la Iglesia puede ofuscarse por los pecados y las debilidades de sus miembros. La ofuscación puede originarse por los obstáculos encontrados en una sociedad que, a veces, parece haber olvidado a Dios e irritarse ante las exigencias más elementales de la moral cristiana".

"Sin embargo, la palabra de Dios nos recuerda que, en la fe, vemos los cielos abiertos y la gracia del Espíritu Santo que ilumina a la Iglesia y que lleva una esperanza segura a nuestro mundo".

Benedicto XVI habló después de la compleja estructura del templo, "cuyas proporciones precisas y armoniosas simbolizan la unidad de la creación de Dios. (…) Esta imagen, ¿no nos hace pensar quizá en la necesidad de ver todas las cosas con los ojos de la fe para, de este modo, poder comprenderlas en su perspectiva más auténtica, en la unidad del plan eterno de Dios?. Esto requiere, como sabemos, una continua conversión y el esfuerzo de "renovarnos en el espíritu de nuestra mente para conseguir una mentalidad nueva y espiritual. (…) Esta constante conversión "intelectual", ¿acaso no es tan necesaria como la conversión "moral" para nuestro crecimiento en la fe, para nuestro discernimiento de los signos de los tiempos y para nuestra aportación personal a la vida y misión de la Iglesia?".

En este contexto, el Papa dijo que una de "las grandes desilusiones que siguieron al Concilio Vaticano II, con su exhortación a un mayor compromiso en la misión de la Iglesia para el mundo" fue "la experiencia de división entre diferentes grupos, distintas generaciones y diversos miembros de la misma familia religiosa". "¡Podemos avanzar sólo si fijamos juntos nuestra mirada en Cristo! -exclamó-. Con la luz de la fe descubriremos entonces la sabiduría y la fuerza necesarias para abrirnos hacia puntos de vista que no siempre coinciden del todo con nuestras ideas o nuestras suposiciones .(…) De este modo caminaremos juntos hacia la verdadera renovación espiritual que quería el Concilio, la única renovación que puede reforzar a la Iglesia en la santidad y en la unidad, indispensable para la proclamación eficaz del Evangelio en el mundo de hoy".

"Aquí, en el contexto de nuestra necesidad de una perspectiva fundamentada en la fe, y de unidad y colaboración en el trabajo de edificación de la Iglesia, querría decir unas palabras sobre los abusos sexuales que han causado tantos sufrimientos. Ya he tenido ocasión de hablar de esto y del consiguiente daño para la comunidad de los fieles. Ahora deseo expresaros sencillamente, queridos sacerdotes y religiosos, mi cercanía espiritual, al mismo tiempo que tratáis de responder con esperanza cristiana a los continuos desafíos surgidos por esta situación. Me siento unido a vosotros rezando para que éste sea un tiempo de purificación para cada uno y para cada Iglesia y comunidad religiosa, y también un tiempo de sanación".

"La unidad de una catedral gótica, es sabido, no es la unidad estática de un templo clásico, sino una unidad nacida de la tensión dinámica de diferentes fuerzas que empujan la arquitectura hacia arriba, orientándola hacia el cielo. Aquí podemos ver también un símbolo de la unidad de la Iglesia que es (…) unidad de un cuerpo vivo compuesto por muchos elementos diferentes, cada uno con su propia función y su propia determinación".

"Ciertamente, en la estructura de la Iglesia querida por Dios se ha de distinguir entre los dones jerárquicos y los carismáticos. Pero precisamente la variedad y riqueza de las gracias concedidas por el Espíritu nos invitan constantemente a discernir cómo estos dones tienen que ser insertados correctamente en el servicio de la misión de la Iglesia".

"De acuerdo con las tradiciones más nobles de la Iglesia en este país -finalizó el Santo Padre-, sed también los primeros amigos del pobre, del prófugo, del extranjero, del enfermo y de todos los que sufren!. ¡Actuad como faros de esperanza, irradiando la luz de Cristo en el mundo y animando a los jóvenes a descubrir la belleza de una vida entregada enteramente al Señor y a su Iglesia!".

Al final de la celebración eucarística, el Santo Padre improvisó unas palabras relativas a su ministerio petrino:

"En este momento no me queda más que agradecerles su amor a la Iglesia y a Nuestro Señor; agradecerles su amor al pobre Sucesor de San Pedro. Intentaré hacer todo lo posible para ser un digno sucesor de este gran Apóstol, el cual era también un hombre con sus defectos y sus pecados, pero que al final sigue siendo la roca de la Iglesia. Con toda mi pobreza espiritual, también yo puedo ser ahora, por gracia del Señor, el Sucesor de Pedro. Ciertamente las plegarias y el amor de ustedes son lo que me da la certeza de que el Señor me ayudará en mi ministerio. Les agradezco profundamente, pues, su amor, sus oraciones. En este momento, mi respuesta a todo lo que me han dado durante mi visita es la bendición que ahora les imparto al final de esta hermosa celebración".

La fe ayuda a ver la vida como la ve Dios.

Ciudad del Vaticano, 19 abr 2008 (VIS).- Después del almuerzo con los obispos de la archidiócesis de Nueva York, el Papa se trasladó en automóvil al Seminario de San José, donde fue recibido por el rector, monseñor Gerald T. Walsh.

El Santo Padre se dirigió a la capilla, en la que estaban presentes 50 jóvenes discapacitados. Tras el saludo de uno de ellos en nombre del grupo, el Papa pronunció unas palabras.

"Dios -dijo- les ha bendecido con el don de la vida, y con otros talentos y cualidades, por medio de las cuales pueden servirlo a Él y a la sociedad de diferentes modos. (…) A veces es un reto encontrar una razón a lo que parece solamente una dificultad que superar o un dolor que afrontar. No obstante, la fe nos ayuda a ampliar el horizonte más allá de nosotros mismos para ver la vida como Dios la ve. El amor incondicional de Dios, que alcanza a todo ser humano, otorga un significado y finalidad a cada vida humana".

Benedicto XVI les animó a rezar a diario por el mundo y "también por los que todavía no han llegado a conocer a Jesús" y les pidió que pidieran también por él, que, "como saben -dijo-, acabo de cumplir un año más. El tiempo vuela". 

Jóvenes : oración personal, litúrgica y caridad.

Ciudad del Vaticano, 19 abr 2008 (VIS).- A las 16,30, el Papa se encontró con los jóvenes y seminaristas en el Seminario de San José de Nueva York.

Después del saludo del cardenal Edward Egan, arzobispo de Nueva York, tres representantes de los 20.000 jóvenes presentes ofrecieron al Papa pan, arroz y maíz, como símbolo de la riqueza de sus diversas tradiciones. A continuación, varios chicos le cantaron el cumpleaños feliz en alemán.

Al comienzo de su discurso, Benedicto XVI se refirió a las imágenes expuestas en este encuentro de "seis hombres y mujeres ordinarios que se superaron para llevar una vida extraordinaria": Santa Isabel Ana Seton, Santa Francisca Javier Cabrini, San Juan Neumann, la beata Kateri Tekakwitha, el venerable Pierre Toussaint y el padre Félix Varela. "Cada uno de ellos -dijo- respondió a la llamada de Dios y a una vida de caridad, y lo sirvió aquí en las calles y callejas o en los suburbios de Nueva York".

"Y ¿qué ocurre hoy?. ¿Quién da testimonio de la Buena Nueva de Jesús en las calles de Nueva York, en los suburbios agitados en la periferia de las grandes ciudades, en las zonas donde se reúnen los jóvenes buscando a alguien en quien confiar?. Dios es nuestro origen y nuestra meta, y Jesús es el camino".

Tras poner de relieve que como jóvenes americanos estaban siendo educados "con un sentido de generosidad, servicio y rectitud", el Santo Padre recordó que sus años de juventud "fueron arruinados por un régimen funesto que pensaba tener todas las respuestas; su influjo creció -filtrándose en las escuelas y los organismos civiles, así como en la política e incluso en la Religión– antes de que pudiera percibirse claramente que era un monstruo. Declaró proscrito a Dios".

El Papa invitó a los jóvenes a dar gracias a Dios porque a pesar de todo, "hoy muchos de su generación pueden gozar de las libertades que surgieron gracias a la expansión de la democracia y del respeto de los derechos humanos".

"Sin embargo -continuó-, el poder destructivo permanece. Decir lo contrario sería engañarse a sí mismos. Pero éste jamás triunfará; ha sido derrotado". En la liturgia de la Vigilia pascual, "clamamos a Dios por nuestro mundo: "Disipa las tinieblas del corazón. Disipa las tinieblas del espíritu". Y se preguntó: "¿Qué pueden ser estas tinieblas?. ¿Qué sucede cuando las personas, sobre todo las más vulnerables, encuentran el puño cerrado de la represión o de la manipulación en vez de la mano tendida de la esperanza?". En este contexto mencionó "a los afectados por el abuso de la droga y los estupefacientes, por la falta de casa o la pobreza, por el racismo, la violencia o la degradación, en particular muchachas y mujeres".

El Papa señaló que "el segundo grupo de tinieblas -las que afectan al espíritu- a menudo no se percibe, y por eso es particularmente nocivo. La manipulación de la verdad distorsiona nuestra percepción de la realidad y enturbia nuestra imaginación y nuestras aspiraciones". Por eso, dijo, "hay que salvaguardar rigurosamente la importancia fundamental de la libertad", que "puede ser malentendida y usada mal, de manera que no lleva a la felicidad que todos esperamos, sino hacia un escenario oscuro de manipulación, en el que nuestra comprensión de nosotros mismos y del mundo se hace confusa o se ve incluso distorsionada por quienes ocultan sus propias intenciones".

A menudo, continuó, "se reivindica la libertad sin hacer jamás referencia a la verdad de la persona humana" y "en lugar de la verdad -o mejor, de su ausencia- se ha difundido la idea de que, dando un valor indiscriminado a todo, se asegura la libertad y se libera la conciencia. A esto llamamos relativismo".

"La verdad no es una imposición. Tampoco es un mero conjunto de reglas. Es el descubrimiento de Alguien que jamás nos traiciona; de Alguien del que siempre podemos fiarnos. (…) En definitiva, la verdad es una persona: Jesucristo. Ésta es la razón por la que la auténtica libertad no es optar por "desentenderse de". Es decidir "comprometerse con".

Benedicto XVI invitó a los jóvenes a plantearse cómo ayudar a los demás "a caminar por el camino de la libertad que lleva a la satisfacción plena y a la felicidad duradera". "La luz de Cristo les invita a ser estrellas-guía para los otros, marchando por el camino de Cristo, que es camino de perdón, de reconciliación, de humildad, de gozo y de paz".

El Papa consideró a continuación "cuatro aspectos esenciales del tesoro de nuestra fe: la oración personal y el silencio, la oración litúrgica, la práctica de la caridad y las vocaciones".

"Lo más importante -aseguró- es que ustedes desarrollen su relación personal con Dios. Esta relación se manifiesta en la oración". Por otra parte, animó a no tener miedo "del silencio y del sosiego; escuchen a Dios, adórenlo en la Eucaristía. Permitan que su palabra modele su camino como crecimiento de la santidad".

El Santo Padre recordó que "mediante la liturgia, "la obra de Jesús" entra continuamente en contacto con la historia; con nuestra vida, para modelarla. (…) Cada vez que se reúnen para la Santa Misa, cuando van a confesarse, cada vez que celebran uno de los sacramentos, Jesús está actuando".

Refiriéndose a las "nuevas injusticias", derivadas de "la explotación del corazón y de la manipulación del espíritu; (…) la tierra misma gime bajo el peso de la avidez consumista y de la explotación irresponsable", exhortó a "responder con una acción social renovada que nazca del amor universal que no conoce límites".

Benedicto XVI invitó a los chicos y chicas a agradecer a los padres, abuelos y padrinos "la posibilidad de recibir el don más grande de su vida: el bautismo", con el que "llegaron a ser hijos e hijas adoptivos del Padre. Fueron incorporados a Cristo".

Dirigiéndose a 300 seminaristas procedentes de las diócesis de la East Coast (Costa Oriental), el Papa les dijo: "El Pueblo de Dios espera de ustedes que sean sacerdotes santos. (…) Les exhorto a profundizar su amistad con Jesús, el Buen Pastor. (…) Rechacen toda tentación de ostentación, hacer carrera o de vanidad".

El Santo Padre resaltó la contribución generosa de las religiosas, religiosos y sacerdotes de las Congregaciones "a la misión de la Iglesia. (…) El maravilloso conjunto de carismas propios de cada Instituto religioso es un tesoro espiritual extraordinario. (…) Estoy seguro que, descubriendo los carismas que producen esta riqueza de sabiduría espiritual, algunos de ustedes, jóvenes, se sentirán atraídos por una vida de servicio apostólico o contemplativo".

Tras hacer hincapié en que "Cristo es la esperanza que jamás defrauda", Benedicto XVI aseguró a los jóvenes que en la Iglesia "encontrarán el aliento y el apoyo para marchar por el camino del Señor. (…) Hoy son ustedes los discípulos de Cristo. Irradien su luz en esta gran ciudad y en otras".

El Papa se despidió con un "hasta pronto", "hasta encontrarme de nuevo con ustedes en julio, para la Jornada Mundial de la Juventud en Sidney".

El Papa en la zona cero : ¡Dios otorgue la paz a un mundo violento!.

Ciudad del Vaticano, 20 abr 2008 (VIS).- Esta mañana, a las 9,30 hora local, el Papa llegó a Ground Zero, como se denomina ahora el lugar ocupado hasta 2001 por el complejo comercial y administrativo World Trade Center.

Durante el atentado terrorista del 11 de septiembre de 2001 que causó 2.896 víctimas, dos aviones se estrellaron contra las Torres Gemelas, los dos rascacielos más altos de Nueva York que formaban parte del complejo, destruyéndolas al igual que varios edificios anejos. En su lugar hay un enorme cráter profundo 80 metros y cercado (Ground Zero) donde hay plantada una cruz.

En 2002 se proclamó un bando de concurso para la reconstrucción del World Trade Center, del que resultó vencedor el arquitecto Daniel Libensky. Hoy Ground Zero es una cantera y el final de los trabajos está previsto en 2012. El edificio central del nuevo complejo será la "Freedom Tower" (Torre de la Libertad), cuya altura, 1.776 pies (541metros), corresponde al año de la independencia americana.

Benedicto XVI, acompañado por el cardenal Edward Egan, arzobispo de New York, entró en Ground Zero, donde le esperaban el alcalde de New York, Michael Bloomberg, los gobernadores de New York y New Jersey, respectivamente David A. Paterson y John Corzine, y veinticuatro personas en representación de las fuerzas que prestaron socorro durante el atentado del 11 de septiembre (bomberos y protección civil), diversos heridos y parientes de las víctimas.

El Santo Padre se arrodilló para rezar unos minutos en silencio, encendió una vela por las víctimas del atentado y posteriormente pronunció la siguiente oración:

"¡Oh Dios de amor, compasión y salvación!.¡Míranos, gente de diferentes creencias y tradiciones, reunidos hoy en este lugar, escenario de violencia y dolor increíbles. Te pedimos que por tu bondad concedas la luz y la paz eternas a todos los que murieron aquí : a los que heroicamente acudieron los primeros, nuestros bomberos, policías, servicios de emergencia y las autoridades del puerto, y a todos los hombres y mujeres inocentes que fueron víctimas de esta tragedia simplemente porque vinieron aquí para cumplir con su deber el 11 de septiembre de 2001. Te pedimos que tengas compasión y alivies las penas de aquellos que, por estar presentes aquí ese día, hoy están heridos o enfermos. Alivia también el dolor de las familias que todavía sufren y de todos los que han perdido a sus seres queridos en esta tragedia. Dales fortaleza para seguir viviendo con valentía y esperanza. También tenemos presentes a cuantos murieron, resultaron heridos o sufrieron pérdidas ese mismo día en el Pentágono y en Shanskville, Pennsylvania. Nuestros corazones se unen a los suyos, mientras nuestras oraciones abrazan su dolor y sufrimiento. Dios de la paz, concede tu paz a nuestro violento mundo : paz en los corazones de todos los hombres y mujeres y paz entre las naciones de la tierra. Lleva por tu senda del amor a aquellos cuyas mentes y corazones están nublados por el odio. Dios de comprensión, abrumados por la magnitud de esta tragedia, buscamos tu luz y tu guía cuando nos enfrentamos con hechos tan terribles como éste. Haz que aquellos cuyas vidas fueron salvadas vivan de manera que las vidas perdidas aquí no lo hayan sido en vano. Confórtanos y consuélanos, fortalécenos en la esperanza, y danos la sabiduría y el coraje para trabajar incansablemente por un mundo en el que la verdadera paz y el amor reinen entre las naciones y en los corazones de todos".

Finalizada la oración, el Papa saludó a los familiares de las víctimas y a algunos supervivientes, así como a los miembros de los equipos de rescate, e impartió la bendición a los presentes.

Una vez acabada la ceremonia el Santo Padre se trasladó a la residencia papal, donde recibió el saludo del personal y los colaboradores de la Misión Permanente de la Santa Sede ante las Naciones Unidas en New York.

Superar toda separación entre fe y vida.

Ciudad del Vaticano, 20 abr 2008 (VIS).- Esta tarde, a las 14,30, hora local, Benedicto XVI celebró la Santa Misa en el Yankee Stadium de Nueva York, que desde 1923 es el estadio del equipo de béisbol del mismo nombre.

Antes de la celebración eucarística el Papa dió la vuelta al estadio en el Papa móvil y fue saludado calurosamente por las 60.000 personas allí reunidas. La misa conmemoraba el bicentenario de la creación de las sedes de Nueva York, Boston, Filadelfia y Louisville por la desmembración de la sede madre de Baltimore.

En su homilía, Benedicto XVI recordó que la celebración de hoy era también "un signo del crecimiento impresionante que Dios ha concedido a la Iglesia en vuestro país en los pasados doscientos años. (…) En esta tierra de libertad y oportunidades, la Iglesia ha unido rebaños muy diversos en la profesión de fe y, a través de sus muchas obras educativas, caritativas y sociales, también ha contribuido de modo significativo al crecimiento de la sociedad americana en su conjunto".

Comentando las lecturas de la liturgia el Santo Padre recalcó que mostraban "el poder de la Palabra de Dios, proclamada autorizadamente por los apóstoles y acogida en la fe para crear una unidad capaz de ir más allá de las divisiones que provienen de los límites y debilidades humanas".

"Se nos recuerda aquí -explicó- una verdad fundamental: que la unidad de la Iglesia no tiene más fundamento que la Palabra de Dios, hecha carne en Cristo Jesús, Nuestro Señor. Todos los signos externos de identidad, todas las estructuras, asociaciones o programas, por válidos o incluso esenciales que sean, existen en último término únicamente para sostener y favorecer una unidad más profunda que, en Cristo, es un don indefectible de Dios a su Iglesia. (…) La unidad de la Iglesia es "apostólica", es decir, una unidad visible fundada sobre los Apóstoles (…) y nacida de lo que la Escritura denomina "la obediencia de la fe".

El Santo Padre dijo después que las palabras "autoridad" y "obediencia" representan "una piedra de tropiezo" para muchos de nuestros contemporáneos, especialmente en una sociedad que justamente da mucho valor a la libertad personal. Y, sin embargo, a la luz de nuestra fe en Cristo, (…) alcanzamos a ver el valor e incluso la belleza de tales palabras. El Evangelio nos enseña que la auténtica libertad (…) se encuentra sólo en la renuncia al propio yo, que es parte del misterio del amor".

"Y dicha libertad en la verdad -agregó- lleva consigo un modo nuevo y liberador de ver la realidad. Cuando nos identificamos con "la mente de Cristo" se nos abren nuevos horizontes. A la luz de la fe, en la comunión de la Iglesia, encontramos también la inspiración y la fuerza para llegar a ser fermento del Evangelio en este mundo".

"En estos doscientos años, el rostro de la comunidad católica en vuestro país ha cambiado considerablemente, observó Benedicto XVI. Pensemos en las continuas oleadas de emigrantes, cuyas tradiciones han enriquecido mucho a la Iglesia en América. Pensemos en la recia fe que edificó la cadena de Iglesias, instituciones educativas, sanitarias y sociales, que desde hace mucho tiempo son el emblema distintivo de la Iglesia en este territorio".

"En esta tierra de libertad religiosa, los católicos han encontrado no sólo la libertad para practicar su fe, sino también para participar plenamente en la vida civil, llevando consigo sus convicciones morales a la esfera pública, cooperando con sus vecinos a forjar una vibrante sociedad democrática. La celebración actual es algo más que una ocasión de gratitud por las gracias recibidas: es una invitación para proseguir con la firme determinación de usar sabiamente la bendición de la libertad, con el fin de edificar un futuro de esperanza para las generaciones futuras".

El Santo Padre pidió a todos los presentes que rezasen por la venida del Reino de Dios, que significa también "estar constantemente atentos a los signos de su presencia, trabajando para que crezca en cada sector de la sociedad. Esto quiere decir afrontar los desafíos del presente y del futuro confiados en la victoria de Cristo y comprometiéndose en extender su Reino. Significa superar toda separación entre fe y vida, oponiéndose a los falsos evangelios de libertad y felicidad. Quiere decir, además, rechazar la falsa dicotomía entre la fe y la vida política, pues, como ha afirmado el Concilio Vaticano II, "ninguna actividad humana, ni siquiera en los asuntos temporales, puede sustraerse a la soberanía de Dios".

"Como "raza elegida, sacerdocio real, nación consagrada" -exhortó Benedicto XVI al final de su homilía- sigan con fidelidad las huellas de quienes les han precedido, (…) encuentren la audacia de proclamar a Cristo (…) y las verdades inmutables que se fundamentan en Él. (…) Son verdades que nos hacen libres. Se trata de las únicas verdades que pueden garantizar el respeto de la dignidad y de los derechos de todo hombre, mujer y niño en nuestro mundo, incluidos los más indefensos de todos los seres humanos, como los niños que están aún en el seno materno. En un mundo en el que, como Juan Pablo II nos recordó hablando en este mismo lugar, Lázaro continúa llamando a nuestra puerta, actúen de modo que su fe y su amor den fruto ayudando a los pobres, a los necesitados y a los sin voz".

Promover una coexistencia pacífica entre las naciones.

Ciudad del Vaticano, 20 abr 2008 (VIS).- El Santo Padre llegó a las 20,00, hora local, al aeropuerto John Fitzgerald Kennedy de Nueva York, donde tuvo lugar la ceremonia de despedida en presencia de autoridades políticas y civiles, de los cardenales estadounidenses, del presidente, vicepresidente y secretario general de la Conferencia de los Obispos Católicos de EE.UU. y de 5.000 fieles de la diócesis de Brooklyn, encabezados por su obispo, en cuya jurisdicción se encuentra este aeropuerto.

Tras el saludo del vicepresidente de Estados Unidos, Richard B. Cheney, el Papa pronunció el último discurso de su viaje.

El Papa expresó su "profunda gratitud" por la acogida recibida, en particular, al presidente Bush, "que vino a saludarme al comienzo de mi visita, y al vicepresidente Cheney por su presencia aquí en el momento de mi salida".

"Reitero mis felicitaciones y mi plegaria -dijo- a los representantes de las sedes de Baltimore, la primera archidiócesis, y a las de Nueva York, Boston, Filadelfia y Louisville, en este año jubilar".

El Santo Padre también manifestó su reconocimiento por "su arduo compromiso y dedicación, a todos los obispos y a los oficiales y al personal de la Conferencia Episcopal, que han contribuido de diversos modos a la preparación de esta visita", así como "a los sacerdotes y religiosos, diáconos, seminaristas y jóvenes, y a todos los fieles de los Estados Unidos. Les aliento a perseverar dando un gozoso testimonio de Cristo, nuestra esperanza, nuestro Señor y Salvador resucitado, que renueva todas las cosas y nos da la vida en abundancia".

El Papa aseguró que "uno de los momentos más significativos" de su visita había sido "la oportunidad de dirigir la palabra a la Asamblea General de las Naciones Unidas". En este sentido, dió las gracias al secretario general, Ban Ki-moon, "por su atenta invitación y su acogida".

"Revisando los sesenta años transcurridos desde la Declaración Universal de los Derechos del Hombre, agradezco todo lo que la Organización ha logrado en la defensa y promoción de los derechos fundamentales de todo hombre, mujer y niño en cualquier parte del mundo, y aliento a todos los hombres de buena voluntad a seguir esforzándose sin desfallecer en la promoción de la coexistencia justa y pacífica entre los pueblos y las naciones".

Benedicto XVI afirmó que "la visita realizada a "Ground Zero" permanecerá profundamente grabada en mi memoria. Seguiré rezando por los que fallecieron y por los que sufren las consecuencias de la tragedia que tuvo lugar en 2001. Rezo por todos los Estados Unidos, por todo el mundo, para que el futuro traiga una mayor fraternidad y solidaridad, un mayor respecto recíproco y una renovada fe y confianza en Dios, nuestro Padre que está en los cielos".

"Con estas palabras de despedida, les dejo, rogándoles que se acuerden de mí en sus oraciones, a la vez que les aseguro mi afecto y mi amistad en el Señor. Dios bendiga a América".

El avión papal despegó a las 20,30 (2,30 hora de Roma) y tras poco más de ocho horas de vuelo aterrizará en el aeropuerto romano de Ciampino a las 10,45. Desde allí, el Santo Padre se traslada en automóvil al Vaticano.



Notas de prensa 2013-15
 
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