Notas de Prensa

Programa del viaje pontificio a Turquía

 

Ciudad del Vaticano, 21 octubre 2014 (VIS).- La Oficina de Prensa de la Santa Sede informa hoy de que Francisco I, acogiendo la invitación de Bartolomé I, Patriarca de Constantinopla, de los obispos y autoridades civiles, efectuará un viaje apostólico a Ankara y Estambul en Turquía, del 28 al 30 de noviembre del 2014.

El Papa saldrá el viernes 28, a las 9 h. de la mañana, del aeropuerto romano de Fiumicino, y llegará al de Esemboga en Ankara a las 13 h. Desde allí se desplazará al Mausoleo de Kemal Ataturk, y acto seguido se dirigirá al Palacio Presidencial donde se encontrará con el Presidente de la República, Recep Tayyip Erdogan, pronunciando unas palabras ante diversas personalidades. Después se encontrará con el Primer Ministro, Ahmet Davutoğlu, y posteriormente visitará el Diyanet, la máxima institución sobre asuntos religiosos del país.

Al día siguiente, el sábado 29, el sumo pontífice partirá en avión hasta Estambul con el fin de visitar el museo de Santa Sofía, la mezquita Sultan Ahmet, y la catedral católica del Espíritu Santo donde celebrará misa. Más tarde, durante una ceremonia interreligiosa rezará en la Iglesia Patriarcal de San Jorge, y luego en el Palacio Patriarcal se reunirá con Bartolomé I.

El domingo 30, el Santo Padre realizará una celebración eucarística en la Delegación Apostólica, y volverá a la Iglesia Patriarcal de San Jorge para asistir a la divina liturgia, acto al que seguirá una bendición ecuménica y firma de la declaración conjunta con el Patriarca de Constantinopla. Ya por la tarde, desde el aeropuerto de Estambul regresará a Roma, cuya llegada está prevista sobre las 18.40 h.

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El estado de derecho y la responsabilidad de proteger

 

Ciudad del Vaticano, 21 octubre 2014 (VIS).- Un estado de derecho basado en el principio de justicia, fue el tema central del discurso pronunciado el pasado 13 de octubre en la sede de Naciones Unidas en Nueva York por el arzobispo Bernardo Aúza, Observador Permanente de la Santa Sede ante la ONU, en el curso de la 69 sesión de la Asamblea General.

Aunque el compromiso por el estado de derecho pueda parecer universal, afirmó el prelado, todavía persiste el desacuerdo sobre la definición del mismo. La delegación de la Santa Sede se basa tanto racional como moralmente en el principio fundamental de justicia, que incluye la dignidad inalienable y el valor de cada persona humana, y como consecuencia el reconocimiento de sus elementos fundamentales. Del mismo modo, en lo que respecta a las relaciones entre los estados, el máximo respeto por los derechos humanos, la igualdad entre las naciones, y el cumplimiento de los tratados.

Por esta razón, más allá de la policía, los tribunales, jueces, fiscales y toda la infraestructura jurídica, es necesaria la confianza social, solidaridad, responsabilidad ciudadana, el buen gobierno y la educación moral. De este modo, la familia, las comunidades religiosas y la sociedad civil desempeñan un papel fundamental.

Después el arzobispo observó que en el centro del marco internacional está la Carta de las Naciones Unidas y los mandatos contenidos en sus fines. En el ejercicio de estas facultades es oportuno destacar el compromiso de los países en cumplir con su obligación protegiendo estas libertades, ya que para la consecución del estado de derecho, las estructuras deben aplicar con imparcialidad estos principios, en particular con las minorías religiosas y étnicas en Oriente Medio u otras regiones, que esperan medidas urgentes para obtener una responsable protección jurídica.

En definitiva, la Santa Sede señala que toda nación debería tener por exigencia el proteger a su población de las graves y prolongadas violaciones de sus derechos, y en cualquier caso, si así no fuera posible, será la comunidad internacional quien deberá intervenir con los medios jurídicos previstos para garantizarlos, cuestión que se hace cada vez más urgente ante la escalada creciente que está alcanzando el terrorismo a nivel mundial, porque está adquiriendo dimensiones antes nunca vistas, y con expresiones de profunda barbarie.

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El díalogo ecuménico entre cristianos e hindúes

 

Ciudad del Vaticano, 20 octubre 2014 (VIS).- Cristianos e hindúes : juntos para promover la cultura de la inclusión; es el tema del mensaje dirigido a los seguidores del hinduismo por el Pontificio Consejo para el Diálogo Interreligioso, con motivo de Deepavali, la fiesta de la luz, que este año se celebra el 23 de octubre.

Es cierto que la globalización ha abierto muchas fronteras innovadoras y ofrecido nuevas oportunidades para el desarrollo, entre las cuales, mejores servicios educativos y sanitarios, favoreciendo la toma de conciencia sobre la necesidad de una mayor justicia social en el mundo, hasta el punto de que nuestro planeta se ha convertido verdaderamente en una aldea global, gracias a los modernos medios de comunicación y transporte. Pero también hay que decir que la globalización no ha logrado su objetivo principal, que era integrar a las poblaciones locales. Más bien, ha repercutido considerablemente en muchos pueblos haciéndoles perder su propia identidad sociocultural, económica y política.

Los efectos nocivos se han notado en todo el mundo, incluso en las comunidades religiosas que están estrechamente unidas a las culturas circundantes. De hecho, ha contribuido a la fragmentación de la sociedad y al crecimiento en el ámbito religioso del relativismo y sincretismo, así como a la privatización de la religión. La violencia étnica y tribal en varias partes del mundo son amplias manifestaciones de la incertidumbre e inseguridad que vivimos, muy extendidas entre la gente, especialmente entre los pobres y marginados excluidos de los beneficios globales.

Sus consecuencias negativas así como la propagación del materialismo y consumismo, han provocado más indiferencia con respecto a las necesidades y sufrimientos de otros. Y esto, ha desembocado en una cultura que excluye y niega los derechos de los pobres, marginados e indefensos, disminuyendo las oportunidades y recursos que están a su disposición en el conjunto de la sociedad. Se les trata como algo irrelevante considerándolos una carga innecesaria e inútil. En muchos sentidos, la explotación de menores y mujeres, el abandono de los ancianos, enfermos o discapacitados, los migrantes y refugiados, la persecución de las minorías son evidentes a causa de esta cultura de la exclusión.

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