El misterio de la resurrección de Cristo

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(RV).- El Santo Padre celebró el Miércoles de la octava de Pascua con su tradicional audiencia general ante la presencia de varios miles de fieles de diversos países, recibiendo previamente a los enfermos en el Aula Pablo VI del Vaticano. En su catequesis recordó que en estos días celebramos el gran misterio de la resurrección de Cristo.

En el evangelio, un ángel amonesta a las mujeres que en la madrugada de pascua buscan a Jesús en el sepulcro: “¿Por qué buscáis entre los muertos al que está vivo?”; e inspirado en esta pregunta el Obispo de Roma dijo que cada vez que nos encerramos en el egoísmo y la autocomplacencia, cuando nos dejamos seducir por el poder de este mundo, olvidando a Dios y al prójimo, y ponemos nuestra esperanza en vanidades mundanas, dinero o éxito, no tenemos fuerzas para rezar, nos sentimos solos y abandonados, prisioneros de nuestros pecados.

El Santo Padre, se refirió a la certeza de que Cristo resucitado ya no muere más, sino que vive y actúa en la iglesia, para afirmar a continuación que, sin embargo, no es fácil aceptar su presencia espiritual, justicia y paz, advertencia que nos lleva a salir de nuestros espacios de opresión en busca de la esperanza cristiana, aquella que remueve las piedras de los sepulcros y alienta a anunciar la buena nueva capaz de generar y transformar nuestra vida, porque ¡Él está vivo, con nosotros!

Al saludar a los peregrinos que asistieron a esta primera audiencia tras la pascua de resurrección, en particular a los venidos de España, México, Costa Rica, Colombia, Uruguay y Argentina u otros países latinoamericanos, Francisco I les conminó a que en este tiempo pascual abran su vida al encuentro con Cristo resucitado y vivo, el único que puede dar verdadera esperanza.

Asimismo, en sus saludos agradeció los numerosos mensajes recibidos y con ocasión de su onomástico, agradeciendo a niños, ancianos y familias, comunidades parroquiales y religiosas, asociaciones, movimientos o grupos, su cercania y servicio a la iglesia.

También, recordó que el próximo domingo, en la ciudad piamontesa de Alba, será proclamado Beato Giuseppe Girotti, sacerdote de la Orden de los Frailes Predicadores, asesinado por odio a la fe en el campo de concentración y exterminio nazi de Dachau (Alemania), manifestando su heroico testimonio cristiano, martirio que sufrió por Jesús y el Evangelio.

Por último, saludó a los miembros de la profesión de fe de Milán, la Comunidad Shalom, los nuevos diáconos de la Compañía de Jesús y otros numerosos participantes esperando de todos que la visita a la Sede de San Pedro reavive su esperanza y caridad, concluyendo con un pensamiento especial para jóvenes, enfermos y recién casados, para quienes el anuncio pascual siga guiando sus acciones, como sucedió con los discípulos de Emaus en adhesión a Cristo y sus enseñanzas evangélicas.

Al final y antes de rezar el padrenuestro, el Papa comentó que recibió un llamamiento de parte de los obreros de la empresa Lucchini de Piombino, enviado antes del cierre de este alto horno, emplazando a todos los que están sin empleo por la crisis económica a no desanimarse, a la vez que pidió a los responsables de esta situación que realicen todos los esfuerzos necesarios.

(GO, CdM, MCM y MFB – RV)