SENDAS DIFERENTES
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Tú eres un gran místico – le dijo a Nasrudín uno de sus pupilos
-, y sin duda sabrás por qué los hombres siguen sendas diferentes a lo
largo de su vida, en vez de seguir todos una única senda.
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Sencillo – contestó su maestro -. Si todo el mundo siguiera la
misma senda, todos acabaríamos en el mismo lugar; el mundo, perdido el
equilibrio, se inclinaría, y todos nos caeríamos al océano.
UNA CENA DE “OH” Y “AH”
Nasrudín no tenía dinero y se vio obligado a
trabajar temporalmente como cocinero.
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Escucha, mulá – le dijo el portero el segundo día -, nuestro amo
es conocido porque nunca paga a sus empleados. Ten por seguro que el día
que le pidas tu salario, te señalará una tarea imposible y se negará a
pagarte por no poder realizarla.
Efectivamente, el tacaño empresario retuvo el
salario de Nasrudín durante varias semanas. Finalmente, el cocinero se
vio obligado a pedir el dinero a su amo.
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Con mucho gusto te daré tu salario – dijo el avaro cuando
Nasrudín se dirigió a él -, pero primero debes cocinarme una comida
especial.
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¿Y en qué consiste esa comida?
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De primero debes preparar “Oh”, y como plato principal cocinarás
“Ah” – contestó el avaro con una sonrisa -. Si no consigues traerme esa
comida no tendré más remedio que despedirte y mandarte a casa sin una
moneda.
Nasrudín se inclinó y fue directamente a la cocina.
Unas horas después, salió para anunciar que la cena estaba servida.
Cuando el avaro vio en la mesa un enorme tazón de sopa, quedó encantado.
No sólo Nasrudín había cocinado una sabrosa comida, sino que estaba a
punto de ahorrarse los salarios de varias semanas. Cogió una cucharada y
se la tragó.
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¡Oh! – hadeó cuando los chiles le abrasaron la garganta.
Farfullando y atragantándose, tendió los brazos al cocinero, que le
ofreció un vaso de agua helada.
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¡Ah! – exclamó cuando el frío líquido apagó las llamas de su
boca.