Jesucristo, salvador del mundo

(RV).- Luego de haber celebrado ayer noche en comunión con el Santo Padre y en la misa del gallo el misterio de la Natividad de Jesús, verbo encarnado bajado del cielo que con la luz del espíritu brilla entre las tinieblas, cuya palabra y pan eucarístico son alimento para nuestra alma, Francisco I volvió esta mañana ha encontrarse con más de ochenta mil peregrinos reunidos en la Plaza de San Pedro que escucharon su mensaje navideño y recibieron la bendición “Urbi et Orbi”, es decir, a la ciudad de Roma y el mundo.

Desde el balcón central de la Basílica vaticana el sumo pontífice señaló que la esperanza en Cristo es nuestra liberación, pidiendo que se haga oír su mensaje a todas las víctimas de la guerra, persecución o esclavitud, y que el poder de Dios, extirpe el mal, la mundanidad e indiferencia frente a los que sufren, de modo que su fuerza redentora proteja a los fieles del Señor.

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